Javier Milei llegó a la política para discutir ideas que parecían imposibles y terminó llevando varias de ellas al centro del poder. Con 2027 cada vez más presente, la pregunta ya no pasa solamente por su futuro electoral, sino por cuánto de lo que comenzó en 2023 puede modificar a la Argentina más allá de su propia Presidencia.
Hubo un momento en que hablar de déficit cero, achicar el Estado o cuestionar abiertamente el funcionamiento de la política tradicional parecía destinado a una discusión entre economistas, dirigentes minoritarios y redes sociales. Milei convirtió esos temas en una campaña presidencial, ganó una elección y después intentó llevarlos a la práctica desde la Casa Rosada. A casi tres años de aquel diciembre de 2023, el experimento dejó de ser una promesa y empieza a tener historia propia.
Esta semana, durante su paso por Nueva York, el Presidente volvió a proyectar una segunda etapa de reformas. Su mirada está puesta en 2027 y el argumento que empieza a construir el oficialismo es que cuatro años no alcanzan para completar una transformación de esta magnitud. El equilibrio fiscal y la reducción del Estado aparecen entre los resultados que Milei buscará defender, mientras persiste una pregunta decisiva: cuándo y cuánto ese ordenamiento terminará reflejándose de manera sostenida en los ingresos, el empleo y la actividad.
También hay una transformación menos visible. Milei consiguió modificar parte del lenguaje político argentino. Hoy dirigentes que hace algunos años prácticamente no hablaban del costo del Estado, el déficit o el equilibrio de las cuentas públicas incorporaron esos conceptos a sus discursos. Incluso quienes cuestionan al Presidente deben discutir dentro de una cancha que, en parte, él ayudó a marcar.
El propio Milei también aprendió política. El hombre que construyó su identidad enfrentando a la “casta” ahora negocia con gobernadores, necesita aliados parlamentarios y busca mayorías para avanzar con las reformas pendientes. La Libertad Avanza, mientras tanto, intenta desarrollar dirigentes y territorio para demostrar que puede convertirse en una fuerza política que trascienda a su fundador.
Ahí aparece 2027. Milei llegará a esa elección ya no como una promesa disruptiva, sino con cuatro años de gestión para ser evaluados. La discusión será si el camino iniciado produjo las condiciones para una Argentina diferente o si encontró sus límites.
Durante años, muchos lo consideraron un fenómeno televisivo. Después dijeron que no podía ganar. Más tarde, que no podría gobernar sin estructura política. Algunas de aquellas certezas quedaron atrás; otras preguntas siguen abiertas.
¿Loco o visionario? Tal vez 2027 empiece a contestarlo. Aunque para saber hasta dónde llegó realmente el fenómeno Milei, probablemente tengamos que esperar algunos años más.
Disculpen con tanta tecnología y ustedes escriben con lletras blancas que no se lee nada.
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