
Mañana es el Tedeum. Van a estar el Presidente, el gabinete, los legisladores oficialistas y el arzobispo García Cuerva. Va a sonar el himno, va a haber chocolate caliente en la plaza y la Fanfarria Alto Perú le va a poner música a la mañana patria. Va a estar todo el mundo menos una persona: Victoria Villarruel. La vicepresidenta de la Nación no fue invitada. La número dos del poder ejecutivo, la presidenta del Senado, mirando el Tedeum por televisión como una vecina más.
La orden la dio Karina Milei. La Secretaría General de la Presidencia cursó las invitaciones a través del área de ceremonial y el nombre de Villarruel no apareció en ninguna lista. Un desplante histórico, de esos que no se veían ni en las épocas más calientes del kirchnerismo. Alguien en Balcarce 50 decidió que era preferible bancarse el escándalo de una vicepresidenta borrada del mapa antes que soportar la foto de Milei y Villarruel en la misma Catedral, con las cámaras esperando el saludo que nunca llega.
La explicación oficial no existe. Karina no explica, ejecuta. Hace rato que la hermana del Presidente entendió que el poder no se discute en los programas de televisión ni en los editoriales de los diarios: se administra en las listas de invitados, en las acreditaciones, en los palcos oficiales. Si no te invito, no existís. Si no estás en la foto, no molestás.
Hace exactamente un año, en el Tedeum de 2025, Milei entró a la Catedral, saludó a Espert con un abrazo, rechazó la mano de Jorge Macri y a Villarruel ni la miró. La vice, con esa ironía que maneja bárbaro, subió una foto a sus redes y escribió: “Yo siempre saludo”. Un cachetazo con guante blanco. Ahora ni siquiera le dieron la oportunidad de mostrar que ella, al menos, intenta saludar.
Pero esto no es solo un problema de egos heridos. Villarruel preside el Senado, un territorio donde el Gobierno no tiene mayorías propias y necesita negociar hasta para aprobar el acta de una reunión de comisión. Si la tenés afuera del Tedeum pero adentro del Congreso, el mensaje es rarísimo: te necesito pero no te quiero. Sos útil pero no te banco. Goberná las sesiones pero no me toques la foto.
Y mientras Karina borra a Villarruel del ceremonial, la vicepresidenta juega su propio partido. Hace unos días se cruzó fuerte con el senador Paoltroni por el proyecto de intervención a Formosa. Lo trató de mitómano y oportunista. Dijo que el proyecto era una campaña para congraciarse con la hermana. La interna ya no corre solo por los pasillos de la Casa Rosada: se instaló en el Senado, en las redes, en cada gesto que los dirigentes libertarios se dedican unos a otros.
Lo que está pasando es simple. En el gobierno de Milei hay dos planos de realidad. En el plano público, el Presidente da discursos, tuitea frases hechas y celebra los números de la inflación. En el plano real, Karina maneja la lapicera del ceremonial, controla las invitaciones, decide quién entra y quién no. Y en ese plano, Villarruel ya está afuera.
La vicepresidenta, mientras tanto, no se baja del 2027. Maneja el Senado con autonomía, teje acuerdos con la oposición dialoguista y no suelta la lapicera de la Cámara Alta. Sabe que el poder no se pide, se ejerce. Y si Karina la borra de las fotos, ella se ocupa de que al Gobierno le cueste cada ley, cada sesión, cada negociación.
Así llegamos al 25 de mayo. Con una vicepresidenta fantasma, una hermana que hace de presidenta en las sombras y un gobierno que se jacta de ser distinto pero se pelea igual que todos. La casta no existe, es un invento para que esta gente haga lo que se le canta. Y Villarruel, que lo entendió rápido, ya juega su propio partido. La rosca no descansa, muchachos. Ni los feriados patrios la frenan.
Por Fernando López Duhour