Axel Kicillof no puede competir por un tercer mandato consecutivo en 2027 y ya construye, en paralelo, su proyección hacia una candidatura presidencial. Esa doble circunstancia activó en el peronismo bonaerense una carrera sucesoria que todavía no tiene favorito definido, pero sí un patrón claro: casi todos los nombres que suenan gobiernan o gobernaron un municipio.

La lista más mencionada incluye a Gabriel Katopodis, ministro de Infraestructura y ex intendente de San Martín; Mayra Mendoza, intendenta de Quilmes desde 2019 y referente de La Cámpora; Mariel Fernández, intendenta de Moreno, cercana al Movimiento Evita pero con diálogo fluido con Kicillof; Jorge Ferraresi, intendente con licencia de Avellaneda, impulsado públicamente por el ministro Andrés Larroque; y Federico Achával, intendente de Pilar, que además lidera las encuestas de imagen entre los posibles candidatos.

El patrón no es casual. En un peronismo bonaerense atravesado por la interna entre el kicillofismo (agrupado en el Movimiento Derecho al Futuro), La Cámpora de Cristina y Máximo Kirchner, el Frente Renovador de Sergio Massa y el universo de organizaciones sociales encabezado por el Evita, la gestión municipal sigue siendo el único activo político que nadie puede discutirle a nadie: estructura propia, resultados verificables y capacidad de mostrarse casa por casa. Es el mismo argumento, dicho sea de paso, que sostiene a los intendentes radicales para resistir diluirse en una alianza nacional.

Katopodis parte con una ventaja hacia adentro del propio Ejecutivo provincial —diálogo con todas las tribus, buena elección legislativa en la Primera sección— pero enfrenta un obstáculo concreto: La Cámpora no lo quiere como candidato. Mendoza, en cambio, llega con el respaldo del sector más movilizado del peronismo bonaerense y ya extendió su arraigo territorial de Quilmes hacia el resto de la Tercera sección. Ferraresi tiene el padrinazgo explícito de Larroque, aunque deberá primero resolver su continuidad en Avellaneda. Achával combina buena imagen medida en encuestas con una gestión en Pilar que sus pares del peronismo citan como modelo.

A esa lista se suman otros nombres con peso real en sus distritos: Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas), que ya tiene carteles con su cara en rutas bonaerenses y apuesta a un esquema de unidad interna; y Julio Alak, intendente de La Plata, que en las legislativas de 2025 le sacó seis puntos a LLA-PRO en la capital bonaerense y consolidó una relación “espalda con espalda” con Kicillof que lo ubica entre los candidatos con más chances reales. El ministro de Gobierno, Carlos Bianco, completa el lote de nombres que juegan más desde la gestión provincial que desde el territorio.

El cálculo del peronismo bonaerense es explícito: nadie quiere repetir 2015, cuando una fractura interna le entregó la provincia al PRO de María Eugenia Vidal. Por eso, mientras la definición formal se pospone, los intendentes y ex intendentes con aspiraciones tienen luz verde para recorrer la provincia libremente, instalar nombre y sumar kilómetros de gestión mostrada puertas afuera de su propio municipio.

La pregunta de fondo —quién define, cuándo y con qué criterio— sigue abierta. Pero el mapa de candidatos ya deja una certeza: la próxima batalla por la Gobernación de Buenos Aires se va a resolver, otra vez, en clave municipal.

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