El video con una canción de Lali Espósito no fue un gesto suelto: fue el anticipo de una senadora que un día después estalló contra su propia mesa política.
El video lo subió el equipo de comunicación de Patricia Bullrich desde su despacho del Senado. La escena es simple: la senadora entra, busca un tema en Spotify y lo deja sonando de fondo mientras despacha con su equipo. Suena Lali Espósito —la artista que el propio Gobierno rebautizó “Lali Depósito”— y la letra que elige habla de no dejarse manejar por nadie. Sin una palabra propia, Bullrich deja el mensaje servido: acá no me controla nadie.
Lo que en ese momento podía leerse como un gesto de comunicación con onda, un día después se convirtió en otra cosa: la explicación en carne viva de por qué lo dijo.
De la letra prestada al enojo real
Este jueves, la jefa del bloque de LLA en el Senado confirmó que no estaba al tanto de las modificaciones a la Ley de Emergencia en Discapacidad que el Poder Ejecutivo incluyó en el Presupuesto 2027, pese a integrar la mesa política del oficialismo.
“A mí no me tomen de tonta”, disparó en Radio Rivadavia. “Si estamos el día anterior en una mesa discutiendo y no nos enteramos de las cosas, yo siento que me toman de tonta.” Y siguió: “Quedás como tonto o como que engañás, eso resiente las relaciones.”
El texto llegó al Congreso con ese capítulo adentro sin que el tema “saliera a la luz” en ninguna reunión previa, según su propio relato. Bullrich apuntó directo al Ministerio de Economía —la cartera de Toto Caputo fue la que giró el proyecto— y calificó el episodio de “error no forzado” que le puede hacer perder el partido al oficialismo. Fuentes libertarias sumaron un dato que agranda el problema: ni Martín Menem, jefe de bloque en Diputados, conocía el capítulo.
El mismo mensaje, dos formatos
Ahí cierra el círculo. El video del día anterior no fue casualidad ni solo picardía de redes: fue la versión de diez segundos de lo que 24 horas después Bullrich diría con nombre y apellido en la radio. Cuando el terreno se lo permite, lo dice con la voz de Lali. Cuando ya no aguanta más, lo dice con la propia, sin filtro y en vivo.
La diferencia es el tono: una es una jugada calculada para marcar peso propio; la otra es el límite de una senadora que se cansó de enterarse por los diarios de lo que negocia su propio espacio. Las dos apuntan al mismo lugar: nadie la maneja, ni la vieja guardia libertaria, ni la letra chica del Presupuesto.