
El AmCham Summit 2026 funcionó como una foto nítida del momento: el rumbo no se discute, pero los tiempos empezaron a inquietar. La apertura ordenó el escenario. Schoua pidió reforma fiscal profunda —menos presión, más simpleza— sin romper el equilibrio. Jorge Macri elevó el tono con valores y alineamiento internacional, y el embajador Lamelas cerró la señal: respaldo político y llamado directo a invertir.
Caputo tuvo el momento más sensible. Sostuvo que la desaceleración arranca en abril y elevó la apuesta: los próximos 18 a 20 meses podrían ser los mejores en décadas. Pero dejó dos números que generan ruido: el empleo crece con fuerte componente informal y los USD 85.000 millones del RIGI siguen siendo proyectos en carpeta. En los pasillos, la síntesis era más cruda: ordenaron la macro, pero el negocio todavía no aparece.
El único bloque sin grieta fue energía. Vaca Muerta como refugio de consenso: ahí sí hay proyectos, escala y horizonte.
Rosatti habló de institucionalidad en medio de la judicialización de la reforma laboral, con la CGT presente aun con paro en marcha. La ausencia de Cordero —por su rol en esos mismos conflictos— completó el cuadro. Conflicto abierto, pero con canales que nadie quiere romper. El caso Adorni flotó durante toda la jornada; Santilli y Quirno lo respaldaron sin matices.
Milei cerró directo: no esquivó la inflación, la explicó. Caída de la demanda de dinero en contexto electoral y shocks externos. Tendencia a la baja, pidió paciencia. El problema es el número: 9,4% acumulado en el año, rozando la meta anual en abril. Ahí aparece el verdadero test.
El saldo es claro: hay respaldo al modelo, pero no entusiasmo; expectativa de inversión, pero no ejecución; confianza en el rumbo, pero dudas crecientes sobre los tiempos. Y en la Argentina, cuando el debate pasa del rumbo al timing, la discusión deja de ser técnica y se vuelve política. Ahí es donde empieza la verdadera rosca.