
SÁBADO 2 DE MAYO DE 2026 · LA ROSCA DIGITAL
Hay una pregunta que circula por los pasillos de los think tanks porteños, en los almuerzos de Palermo y en los grupos de WhatsApp de dirigentes que se hacen los que no se hablan entre sí: ¿ya saben Macri y Villarruel que van a terminar juntos, o todavía están esperando que alguien se lo diga?
Las encuestas empezaron a responder la pregunta antes que los protagonistas. Y lo que dicen es bastante elocuente.

Cuatro puntos separan a Macri de Villarruel en la pregunta sobre quién debería renovar el espacio amarillo. Cuatro puntos entre el fundador del partido y una mujer que nunca perteneció a él. En la política argentina, eso no es una brecha: es casi un empate técnico.
La Universidad de San Andrés midió la imagen de 21 dirigentes entre los votantes que todavía aprueban a Milei —ese 36% que quedó después del desgaste— y el resultado también tiene su lógica propia.

Macri, que no es parte de La Libertad Avanza, que tuvo roces públicos y privados con el gobierno, tiene 54% de imagen positiva entre los votantes libertarios. Villarruel, que oficialmente sigue siendo vice de ese mismo gobierno aunque ya no le habla al presidente, tiene 43%. Los dos son percibidos como externos. Y los dos flotan.
“NO LIDERA FORMALMENTE NINGÚN ESPACIO, PERO APARECE COMPETITIVA EN TODOS”
Ahí está la clave del fenómeno Villarruel. Lo que la hace atractiva como figura no es lo que hizo sino lo que no hizo: no se desgastó gestionando, no tiene ministerio que defender, no firmó ningún decreto que alguien pueda cuestionar. Es la única dirigente de peso en la Argentina de 2026 que tiene imagen alta sin cargar con el costo de nada concreto.
Y Macri lo sabe. Esa es, probablemente, la razón por la que el expresidente salió de recorrida por el interior, provincia por provincia, con un discurso que ya no suena a refundación del PRO sino a algo más ambicioso e impreciso: “el próximo paso”, dijo en Rosario, sin aclarar exactamente de quién ni hacia dónde.
La lógica que la gente hace —y que las encuestas reflejan— es más simple de lo que los protagonistas quieren admitir: Macri necesita una figura que no tenga el apellido Macri para ganar lo que Macri solo no puede ganar. Villarruel necesita una estructura partidaria porque no tiene partido propio. Ninguno de los dos puede llegar a 2027 con lo que tiene hoy. Juntos, la suma sería distinta.
“LA PREGUNTA QUE QUEDA ES SI VAN A LEERLO ANTES O DESPUÉS DE QUE ALGUIEN MÁS LO PROPONGA EN VOZ ALTA”
En la Argentina de la fragmentación, donde nadie tiene mayoría y todos negocian todo, la aritmética electoral empieza a escribir los guiones antes que los protagonistas. Y este guión ya tiene dos nombres en la tapa.
Mi apuesta personal
Ella no tiene apuro porque sabe que a Macri el tiempo lo corre más a él. Si el PRO necesita ampliar, Villarruel es el nombre que mejor rinde en las encuestas.
O sea: está construyendo su propio poder de negociación con la paciencia de quien sabe que, cuando llegue la hora de anotar, va a tener al menos dos grandes espacios invitándola a la mesa.
Lo que todavía no sabemos es si va a elegir el que le dé el plato principal o el que la siente a la derecha del dueño de casa.
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