Santiago Caputo habría empezado a perder terreno. Su centralidad, desde el principio casi indiscutida, mostraría signos de desgaste. Karina Milei, en cambio, consolidaría su posición como eje ordenador, resistente incluso después del golpe Adorni.
Las consecuencias serían concretas. El Ministerio de Salud, con Mario Lugones, sería uno de los primeros en sentirlo: gestión cuestionada, falta de resultados y, sobre todo, la marca de ser hombre de Caputo. “Le falta humanidad”, deslizó alguien del equipo de Petovello. El PAMI, con Esteban Leguizamo, atravesaría tensiones similares por la maa gestion y la falta de pago.
Más atrás, pero en el horizonte, aparecerían la AFIP y la Aduana. Organismos que concentran caja, información y control. Sus conducciones sabrían que, aun con buena gestión, son posiciones de disputa frente al poder que se reorganiza.
La SIDE habría sido objeto de intentos de intervención que no habrían prosperado. El respaldo de Washington habría puesto un límite.
Sturzenegger y Toto Caputo configurarían un eje técnico con lógica propia, pero ese vínculo no les permitiría acercarse a su antiguo amigo Mauricio . El PRO, mientras tanto, no sería mala palabra pero sí mancha. Santilli ya lo habría entendido. Macri ya no sería la referencia de antes.
El poder, en este gobierno, no se negocia en público. Se reordena. Y espera su momento.