
El número de febrero da 2,9% mensual y 33,1% interanual. En la superficie, parece una meseta. Pero el informe técnico muestra que esa calma es bastante engañosa: el índice general no explotó, aunque tampoco aflojó. Quedó clavado en una zona donde el promedio ordena el titular, pero no termina de explicar lo que pasa en la calle.
La clave está adentro del dato. El rubro que más empuja no es cualquiera: alquileres, servicios y combustibles subió 6,8%, muy por encima del promedio. Después aparecen alimentos y bebidas y bienes y servicios varios, ambos con 3,3%. Ahí aparece la verdadera tensión: no es solo cuánto cuesta comprar, sino cuánto cuesta sostener la vida todos los meses.
La rosca económica del número va por ahí. El índice puede sugerir meseta, pero el bolsillo siente otra cosa porque lo que más sube es justamente lo más difícil de esquivar. Techo, tarifas, movilidad, gastos fijos. No siempre explota todo junto; a veces el ajuste entra por la puerta de los costos inevitables.
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