En tres días pasó del abrazo con Milei al faltazo en Gabinete. No rompe, no se lanza y no se baja: Bullrich juega a que el costo de sacarla lo pague la Rosada.

El viernes, Patricia Bullrich estuvo en la cena de la Fundación Faro, donde Milei habló de quemar periodistas en la hoguera. Según su círculo, no aplaudió. El sábado subió una foto abrazada con él. El domingo, en LN+, dijo que el Presidente “cruzó un límite”. Y el lunes, un día después del triunfo de Lula, fue la única que no se presentó a la reunión de Gabinete.

Un faltazo con varias capas

Casa Rosada habló de razones personales. Cerca de la senadora reconocen que el motivo fue mitad personal y mitad bronca con Milei. No quería exponerse ni quedar en la foto del balcón, donde el Presidente terminó saludando a un grupo de chicos. Brasil sumó lo suyo: aunque no saludó a Lula, Bullrich entiende que Milei debería reconocer el resultado. El Presidente hizo lo contrario: ordenó a sus ministros no pronunciarse hasta que hable Flávio Bolsonaro y quedó como el único mandatario de la región sin felicitar al ganador.

Cómo la leen en la Rosada

En el karinismo repiten que las ganas de ser candidata siempre estuvieron, pero que a la hora de medir no pesa. Milei le baja el tono: dice que no es una improvisada y que hacer un tema de esto es una tontería. Sus íntimos, además, prefieren leer que ella apunta a 2031.

Juego propio

Bullrich construye autonomía de a poco. Subió un video con música instrumental y una frase en tercera persona sobre su conocimiento del país. Publicó una foto de espaldas con un mensaje que promete novedades, el mismo que usó antes de cuestionar a Adorni. Y está invitada a cenar a la residencia del embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, un vínculo que sostiene por fuera de los Milei. En economía, reclama cambios este año para que la mejora llegue a los hogares.

No quiere ser la que rompe

Quienes la conocen dicen que prefiere que sean los Milei los que la saquen, y que le tiene respeto al antecedente de Chacho Álvarez en el gobierno de De la Rúa, donde ella fue ministra. Sobre competir o acompañar dijo que todavía no está decidido. Milei, por su parte, no le ofreció la vicepresidencia.

La llave son las PASO

El Gobierno negocia eliminarlas, pero todavía no tiene los votos. En la Rosada comentan que Karina y los Menem creen que Bullrich no hace lo suficiente para voltearlas. Ella se opuso a suspenderlas para 2027 y propuso dejar el cambio para 2031. Sin PASO, medirse con Milei dentro del espacio se vuelve inviable.

Los números no cierran

Dos mediciones recientes ubican a Milei apenas por encima en imagen positiva, y el rechazo hacia ella subió de 51% a 58% en el trimestre. Hace tres semanas otra la tenía arriba. Pero una encuesta de QSocial deja un dato incómodo para el Presidente: el 72% de quienes votaron a Bullrich en 2023 cree que debería reconocer a Lula, contra el 37% de sus propios votantes.

Expulsarla la convertiría en la candidata del antiperonismo, y tolerarla la deja ganando cada round. Brasil juega para los dos lados: Lula mostró que un oficialismo puede dar vuelta una elección y le deja a Milei un adversario con quien polarizar. Pero el silencio lo aísla justo frente al electorado que comparte con Bullrich. La pregunta ya no es si ella quiere. Es quién se anima a pagar el costo de romper primero.

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