Axel Kicillof necesita a los intendentes para construir su candidatura nacional, pero muchos de ellos necesitan cambiar la ley para conservar sus municipios. Massa tiene votos para condicionar el acuerdo y las vacantes de la Suprema Corte aparecen como una posible moneda de negociación.
Axel Kicillof quiere ser protagonista de la discusión presidencial de 2027, pero antes necesita resolver un problema bastante más cercano: la continuidad de los intendentes bonaerenses. Más de 80 jefes comunales quedarían impedidos de competir por otro mandato consecutivo si se mantiene la legislación vigente. Para el gobernador, no se trata solamente de defender la posibilidad de que vuelvan a presentarse. Los intendentes administran territorio, organizan campañas y aportan una estructura que ningún candidato nacional puede reemplazar con actos y discursos. Sin intendentes alineados, la construcción presidencial de Axel pierde una de sus principales herramientas.
El obstáculo tiene nombre propio: Sergio Massa. El Frente Renovador acompañó en 2016 la ley que limitó las reelecciones durante el gobierno de María Eugenia Vidal y sostiene su rechazo a eliminar ese límite. Sus tres senadores y nueve diputados provinciales forman parte del esquema de Fuerza Patria, pero no están dispuestos a garantizar los votos para cambiar la norma. Massa no necesita romper con Kicillof para condicionar la negociación: le alcanza con mantener su posición. Mientras tanto, un grupo de intendentes intenta preservar autonomía frente a la pelea entre Axel y Cristina, consciente de que su apoyo territorial aumenta de valor a medida que se acerca el cierre de listas.
¿Qué puede ofrecer Kicillof? La negociación podría ampliarse a los *cuatro lugares vacantes de la Suprema Corte bonaerense, cuya cobertura exige propuestas del gobernador y acuerdo del Senado. El cristinismo también pretende discutir el calendario electoral y la distribución del poder partidario; el massismo mantiene iniciativas propias en seguridad y los intendentes radicales podrían influir sobre legisladores opositores interesados en la misma cuestión de los mandatos. Son asuntos que aparecen sobre la mesa, *no un reparto de cargos judiciales ya pactado. Además, cualquier acuerdo sobre la Corte deberá atravesar el procedimiento institucional correspondiente.
El gobernador tampoco dispone de una mayoría automática. *Fuerza Patria tiene 24 de los 46 senadores, pero conviven allí el Movimiento Derecho al Futuro, La Cámpora y el Frente Renovador. En Diputados suma *39 de 92 bancas y necesita negociar para reunir quórum y aprobar la reforma. *Sergio Berni, al frente del bloque de senadores, y *Verónica Magario, como vicegobernadora, son parte de un Senado donde las diferencias internas ya quedaron expuestas. Del otro lado, PRO y libertarios se oponen a las reelecciones indefinidas, mientras que los sectores radicales y los bloques menores serán observados voto por voto.
La paradoja es que Axel necesita una ley para fortalecer el armado que podría llevarlo a disputar la Presidencia, pero esa ley depende de los mismos socios con los que discute la conducción. Massa puede sostener su posición histórica y, al mismo tiempo, seguir siendo un interlocutor indispensable. El cristinismo puede acompañar, aunque buscará participar de las decisiones. Y los intendentes tienen una urgencia que no admite demasiada filosofía: saber si podrán volver a competir o deberán preparar un heredero. En la política bonaerense, antes de discutir quién llega a la Casa Rosada, hay que resolver quién conserva las llaves de cada municipio.
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