En la sede central del PRO no hubo banderas ni banners partidarios anoche, pese a que la ocasión ameritaba la estética habitual: un asado de varias horas para recibir a Hernán Lacunza, hoy el único dirigente amarillo formalmente postulado a 2027 por fuera de un acuerdo con La Libertad Avanza. La ausencia, lejos de ser casual, funciona como primer indicio de qué tipo de reunión fue en realidad.
La conducción del partido presentó el encuentro como respaldo institucional a la candidatura de Lacunza. En la foto oficial aparecen María Eugenia Vidal, presidenta de la Fundación Pensar; Martín Goerling, jefe del bloque PRO en el Senado; las senadoras María Victoria Huala y Andrea Cristina; los diputados Emmanuel Bianchetti, Sergio Capozzi y Martín Ardohain; los exsenadores Humberto Schiavoni y Alfredo de Ángeli; y los exdiputados Jorge Enríquez, Julio Sahad y Pablo Torello. También estuvieron Carolina Barone y Jorge Triaca —curiosamente, este último no salió en la foto—. Según pudo reconstruir este medio con una fuente que participó del encuentro, también estuvieron presidentes partidarios distritales, en un formato deliberadamente informal, sin discursos ni protocolo, con Lacunza recorriendo mesa por mesa.
Pero el dato de la estética vacía se completa con las ausencias de peso. No asistieron Sole Martínez, Fernando de Andreis, Guillermo Dietrich, Álvaro Muzzio, Jorge Macri, Cristian Ritondo, Diego Santilli, Waldo Wolf, Ezequiel Sabor, Ezequiel Jarvis ni Francisco Quintana —el núcleo que hoy negocia, casi cada quince días en Casa Rosada, el esquema de alianza con LLA. Tampoco hubo representación de PBA, Entre Ríos ni Chubut. Es decir: la reunión reunió a un PRO, pero no al PRO que decide.
En este tipo de eventos, es más importante quién no está que quién sí está.
Mauricio Macri no participó del asado, y desde su entorno se encargaron de aclarar que no estaba al tanto. Sin embargo, fuentes cercanas al expresidente sostienen que Lacunza es alguien demasiado próximo como para necesitar una foto conjunta que confirme el respaldo. Y agregan un dato que reordena el tablero interno: si otro dirigente quisiera lanzarse, Macri también estaría dispuesto a acompañarlo —señal de que la candidatura de Lacunza no cierra la interna, apenas la abre.
La lectura que circula puertas adentro es más cruda que la narrativa de unidad que se buscó instalar: los distritos que participaron del asado son, en rigor, los que no acuerdan con la estrategia de subordinarse a LLA y prefieren jugar su propia carta. Su apuesta no es ingenua: saben que hoy, frente a un PRO aliado con LLA, no conseguirían ni una banca de diputado provincial —mucho menos nacional—, pero calculan que ese escenario puede no sostenerse. Si los números de LLA caen de cara a 2027, un PRO con estructura propia y sin la marca del oficialismo encima aparece como la alternativa mejor posicionada para capitalizar ese desgaste. Sin bandera, sin mesa chica y sin territorio pesado, el encuentro funcionó menos como acto de campaña que como una reunión de los que están dispuestos a esperar: mientras la negociación con Milei sigue su curso en paralelo, ellos arman la estructura que necesitarán si esa apuesta empieza a mostrar grietas.
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