En diálogo con Carlos Pagni en Odisea Argentina (LN+), Hernán Lacunza construyó una respuesta que funciona casi como un veredicto: para el precandidato presidencial, Diego Santilli dejó de pertenecer al PRO el día que aceptó una silla en el gabinete de Javier Milei.

Pagni no dio vueltas: “¿Diego Santilli sigue siendo de Pro?”. Lacunza tampoco las dio, aunque lo disfrazó de humor: “Si yo tengo el carnet de Racing y soy funcionario de Independiente, no soy más de Racing…”. La imagen es simple y por eso pega: la lealtad partidaria no sobrevive a un cargo en la vereda de enfrente.

La definición no aparece aislada. Segundos antes, Lacunza ya había puesto el límite: “Pro es un partido de la oposición: no hay cogobierno. Y si hay funcionarios que alguna vez estuvieron con nosotros, ahora están en el Gobierno a título personal”. Con la comparación futbolera, lo que hizo fue ponerle nombre propio a esa regla — sin necesidad de nombrar a nadie más que a Santilli.

El momento no es menor. Mientras Ritondo y De Andreis sostienen cada quince días una mesa de diálogo con Santilli y los primos Menem en Casa Rosada, Lacunza arma su candidatura sobre la premisa opuesta: que el PRO necesita cortar ese hilo y presentarse solo en 2027. “Si el Gobierno sigue así, va a ganar el kirchnerismo”, advirtió, y ubicó las diferencias con LLA en un terreno doble: “económicas, pero también institucionales”.

Con Macri, en cambio, el tono cambió por completo: “Es el líder del partido y fundador de Pro. Mi candidatura no es una aventura individual, es importante ser orgánicos” — el único gesto de la entrevista donde eligió sumar en vez de deslindar.

El cierre quedó para otra comparación, esta vez musical: “Si yo fuera Charly García, diría: ‘me tiré por vos’. Yo no especulo: me tiro. Y si el agua está fría, me lo dirá la gente. No los dirigentes”.