Javier Milei pasó por Madrid en su séptima visita a España desde que asumió. Llegó en plena campaña: Pedro Sánchez adelantó las generales para el 29 de noviembre, y la Casa Rosada aclaró que el viaje ya estaba previsto antes de esa decisión.

La agenda

Mezcló lo académico, lo económico y lo político:

  • Foro Nueva Economía, en el Real Casino Gran Círculo.
  • Encuentro con Jesús Huerta de Soto en la Universidad Rey Juan Carlos, donde disertó en la presentación del máster de Economía de la Escuela Austríaca.
  • Reunión con el presidente del Senado, Pedro Rollán (PP), y con los embajadores de Estados Unidos, Benjamín León, y de Israel, Dana Erlich. Participaron el canciller Pablo Quirno y el vocero presidencial, Adrián Ravier.
  • Por la tarde: la Fundación Disenso, el think tank de Vox, y una recepción de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid.

Con quién se mostró

La postal tiene una lectura clara. Milei se mostró con la cámara alta, que conduce un dirigente del principal partido opositor, y con las embajadas de Washington y Jerusalén, los dos alineamientos que priorizó desde que asumió. En abril había viajado a Israel y ratificó su apoyo a Trump y a Netanyahu (el vínculo con Israel ya tuvo impacto en la agenda Malvinas).

Lo que falta

  • No hay reuniones con Sánchez ni con Felipe VI.
  • La Embajada de España en Buenos Aires sigue sin embajador titular desde la crisis de mayo de 2024.
  • Tampoco figuraba una reunión con Santiago Abascal, aunque no se descartaba que coincidan.

Un patrón que se repite

Desde 2024, Milei usa España como tribuna ideológica y no como visita de Estado. En marzo llamó “impresentable” a Sánchez ante unas 10.000 personas en Vistalegre, sin contactos con el Gobierno. En septiembre volvió a apuntar contra el líder socialista desde el Foro Madrid de Santiago de Chile.

Para Milei, el choque con Sánchez funciona como bandera hacia adentro, en la misma línea con la que busca socios ideológicos en la región. Del lado español, el Gobierno puede leer la visita como una intromisión en plena campaña.

Con la diplomacia rota, lo que está en juego es la relación bilateral, las inversiones españolas en Argentina y la ratificación del acuerdo UE-Mercosur.

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