La victoria de Flávio Bolsonaro en primera vuelta modifica el escenario político brasileño y abre una nueva perspectiva para Argentina. Estados Unidos observa la posibilidad de sumar un aliado estratégico en la principal economía sudamericana, mientras China busca preservar sus intereses comerciales. Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos frente al 45,16% de Lula da Silva y llegará al balotaje del 25 de octubre con una ventaja que pocos anticipaban. Pero el resultado va más allá de la disputa presidencial: la derecha brasileña amplió su poder territorial y parlamentario. El Partido Liberal pasó de 98 a 121 diputados, un dato que condicionará al próximo gobierno, cualquiera sea el ganador.
La economía explica buena parte del resultado. Brasil enfrenta una deuda pública superior al 80% del PBI y dificultades fiscales que limitan su crecimiento. Bolsonaro propone reducir el gasto y favorecer la inversión privada, mientras Lula defiende un modelo de mayor intervención estatal. Los mercados recibieron el resultado con entusiasmo. La Bolsa brasileña subió cerca del 8%, el real se fortaleció y retrocedieron las tasas de los bonos. Los inversores apuestan a un cambio económico, aunque todavía falta comprobar si Bolsonaro tendrá capacidad política para ejecutar sus reformas.
Una victoria de Bolsonaro tendría consecuencias que exceden a Brasil. Donald Trump podría sumar un aliado de peso en Sudamérica, especialmente en un momento de competencia con China por mercados, tecnología y recursos estratégicos. Benjamín Netanyahu ya felicitó al candidato brasileño y expresó su deseo de recomponer las relaciones entre Israel y Brasil. Es otra señal del interés internacional que despertó el resultado electoral.Sin embargo, Bolsonaro difícilmente pueda romper con China, uno de los principales socios comerciales brasileños. Su desafío será acercarse políticamente a Washington sin perjudicar los intereses económicos de su país ni su participación en el BRICS.
Para Javier Milei, el resultado brasileño representa una oportunidad política y económica. Eduardo Bolsonaro lo calificó de “profeta” y destacó la posibilidad de superar el modelo socialista en América Latina. La afinidad entre ambos espacios anticipa una relación bilateral considerablemente más cercana que la actual.
En términos económicos, un real fortalecido mejora la competitividad relativa de las exportaciones argentinas y puede favorecer el turismo. Una recuperación de la confianza financiera regional también beneficiaría a los activos argentinos. A esto se suma el respaldo del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, quien volvió a garantizar asistencia a la Argentina si fuera necesaria. Milei podría encontrar así un escenario internacional más favorable para su programa económico.
Pero la coincidencia ideológica no elimina la competencia. Brasil seguirá disputando inversiones, mercados y atención de Washington. Además, las posiciones de Bolsonaro sobre el Mercosur podrían acelerar una discusión sobre la apertura comercial y los acuerdos bilaterales con Estados Unidos. El balotaje sigue abierto. Lula conserva una base electoral importante, aunque ahora deberá enfrentar a una derecha fortalecida y con mayor representación legislativa.
Para Milei, la eventual victoria de Bolsonaro permitiría construir un eje político entre las dos mayores economías de Sudamérica. La incógnita será cuánto de esa afinidad podrá traducirse en comercio, inversiones y acuerdos concretos. Porque una cosa es compartir un enemigo ideológico y otra, bastante distinta, compartir intereses económicos.
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