El homenaje a Evita en Moreno pone a prueba la unidad del Peronismo Bonaerense

Mariel Fernández invitó a Axel Kicillof y a Máximo Kirchner al acto del 26 de julio por el 74° aniversario de la muerte de Eva Perón. En un peronismo partido, la foto vale más que los discursos.

Buenos Aires, 19 de julio de 2026.

Hay actos que se hacen para conmemorar y actos que se hacen para contar. El del próximo domingo 26 de julio en Moreno pertenece a la segunda categoría, aunque el calendario diga otra cosa.

Ese día se cumplen 74 años de la muerte de Eva Perón y, como todos los años, la intendenta Mariel Fernández encabezará la misa y la tradicional marcha de antorchas por el municipio. La novedad no está en el rito. Está en la lista de invitados: además de intendentes de distintas tribus del justicialismo, la jefa comunal les cursó invitación a Axel Kicillof y a Máximo Kirchner. Los dos. Al mismo acto. En el mismo escenario.

En cualquier otro momento del peronismo eso sería un dato de agenda. Hoy es una jugada.

El termómetro está en las sillas vacías

El peronismo bonaerense venía esperando algo muy concreto para reabrir la discusión interna: que terminara el Mundial. Con la final de este domingo, se acabó la excusa. A partir del lunes, la segunda mitad de 2026 es puro armado.

Y el armado arranca con una interna que ya no se disimula. Kicillof reunió en La Plata a los intendentes y dirigentes de su Movimiento Derecho al Futuro y dejó entreabierta la puerta de una interna partidaria en 2027, aunque se cuidó de aclarar que “no es momento de candidaturas”. Del otro lado, Máximo Kirchner viene reclamando en actos que la candidata del espacio sea Cristina Kirchner, que cumple prisión domiciliaria por la causa Vialidad. Facundo Tignanelli, uno de los hombres de mayor confianza del diputado en la Legislatura bonaerense, llegó a comparar al sector del gobernador con Augusto Vandor, el símbolo histórico de la traición al peronismo por construir liderazgo propio.

Entre esos dos polos, el 26 de julio funciona como test. Si van los dos, hay foto y hay señal. Si va uno solo, hay ganador y perdedor del día. Si no va ninguno, el mensaje también se entiende perfecto.

Ahí está lo interesante del movimiento de Fernández: no necesita que nadie diga nada. Le alcanza con abrir la puerta y ver quién entra.

Mariel Fernández no es una anfitriona neutral

Conviene no leer la invitación como un gesto de buena vecindad. La intendenta de Moreno es vicepresidenta del PJ nacional, la figura más relevante del Movimiento Evita y una de las pocas dirigentes que sostuvo diálogo simultáneo con Kicillof y con el kirchnerismo mientras todos los demás elegían bando.

Ese capital tiene un destino. Kicillof no puede volver a presentarse a la gobernación por el límite constitucional bonaerense, y la carrera por la sucesión ya arrancó. Fernández figura entre los nombres que se anotaron temprano en esa discusión: a fines del año pasado, en una entrevista con el streaming Uno Tres Cinco, dijo que se anima a todo.

Convocar a los dos jefes enfrentados a su distrito, en su acto, con su liturgia, es una manera elegante de instalarse como la única que puede sentarlos en la misma mesa. En el peronismo, el que administra la unidad suele terminar administrando algo más.

Un detalle que agrega capas: según trascendió, la actividad se convocó desde la Secretaría de la Mujer del PJ bonaerense, el partido que preside Kicillof. Es decir, el sello institucional del gobernador está adentro de un acto donde también se invitó a su principal competidor interno.

Antecedentes que pesan

El formato de Moreno tiene historia. En ediciones anteriores el acto reunió a buena parte del peronismo bonaerense, con gabinete provincial, intendentes, legisladores y gremios, y con cientos de mujeres caracterizadas como Evita marchando con antorchas hacia el busto de la abanderada. El año pasado, la consigna combinó el homenaje con el reclamo por la situación judicial de Cristina Kirchner y la expresidenta acompañó de manera virtual.

También hay antecedentes en contra. En 2024, cuando se cumplieron 50 años de la muerte de Perón, el acto en la quinta de San Vicente reunió a Máximo Kirchner y a Kicillof sin que llegara a salir la foto de unidad que el gobernador esperaba. Desde entonces, las efemérides peronistas vienen funcionando menos como punto de encuentro que como escenario donde cada sector mide su propia convocatoria.

Lo que se juega el 26

En términos duros, lo que está en discusión no es un homenaje sino tres cosas: quién conduce el peronismo nacional rumbo a 2027, quién hereda la provincia de Buenos Aires y si esa disputa se resuelve en una interna ordenada o en una fractura.

El kirchnerismo conserva estructura militante y peso en el Partido Justicialista. Kicillof administra el principal distrito electoral del país y necesita nacionalizar un armado que hoy sigue siendo, sobre todo, bonaerense. Ninguno de los dos tiene los votos para imponerse sin el otro, y los dos lo saben. Por eso ninguno rompe del todo.

Mientras tanto, del otro lado del mostrador, el Gobierno mira la escena con interés declarado: la fractura del principal partido opositor es el mejor activo electoral que La Libertad Avanza puede tener en 2027 sin gastar un peso en campaña.

El domingo que viene, en Moreno, no se va a definir nada. Pero se va a ver todo.


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