El gobierno busca suspender las paso para blindar la economía en 2027

La Casa Rosada aceleró la negociación por la reforma electoral. El fantasma es agosto de 2019: una derrota en las primarias que dispare una corrida cambiaria en plena campaña presidencial.

Lunes 13 de julio de 2026


El Gobierno decidió que la eliminación de las PASO ya no es una discusión de reforma política, sino una pieza de su estrategia económica de cara a 2027. El argumento que circula en Casa Rosada es directo: una eventual derrota en las primarias de agosto del año próximo podría desatar una corrida cambiaria como la que siguió a la PASO de 2019, cuando Mauricio Macri perdió por más de 15 puntos y el mercado reaccionó con una devaluación, un salto del riesgo país y el posterior reperfilamiento de la deuda.

La lógica es aritmética. Con PASO, la elección presidencial de 2027 tiene dos veredictos del mercado en lugar de uno. El oficialismo quiere eliminar el primero.

El Poder Ejecutivo envió en abril un proyecto de reforma electoral al Senado que contempla la eliminación de las primarias, la supresión de su financiamiento estatal y mayores requisitos para la inscripción de partidos. La iniciativa está frenada en la comisión de Asuntos Constitucionales, que preside el libertario Agustín Coto, por falta de consenso.

Los números explican el freno. La Libertad Avanza cuenta con 21 senadores y necesita 37 votos para aprobar la ley. La llave está en los diez senadores de la Unión Cívica Radical, que hasta ahora se resisten. El bonaerense Maximiliano Abad se pronunció a favor de mantener las PASO —postura respaldada orgánicamente por la UCR bonaerense—, y en la misma línea se ubican Daniel Kroneberger (La Pampa), Flavio Fama (Catamarca) y Carolina Losada (Santa Fe). El presidente del bloque, Eduardo Vischi, presentó una alternativa intermedia: quitar la obligatoriedad del voto en las primarias.

Ante ese escenario, el Gobierno reconoce que derogar las primarias es una batalla perdida y reorientó el objetivo hacia una suspensión para el turno 2027, el mismo mecanismo que se usó en las legislativas de 2025.

La negociación quedó en manos del jefe de Gabinete, Diego Santilli, que asumió con trece gobernadores presentes en su jura y convirtió la reforma en su prioridad número uno. Su carta de negociación fue habilitar listas colectoras: un esquema que permitiría a los mandatarios provinciales adherir sus listas legislativas a la candidatura presidencial de Milei sin necesidad de una alianza formal.

Esa oferta, sin embargo, encontró más resistencia que apoyo. La propia jefa del bloque de LLA en el Senado, Patricia Bullrich, cuestionó el mecanismo —sostuvo que las colectoras “deforman el sistema electoral”— y admitió que “no están los votos”. El PRO también se manifestó en contra del esquema, y los partidos provinciales prefieren limitar la discusión a una suspensión lisa y llana.

Entre los gobernadores el mapa está partido. El catamarqueño Raúl Jalil apoya eliminar las primarias pero rechaza las colectoras. El tucumano Osvaldo Jaldo ratificó que está en contra de sacar las PASO. El jujeño Carlos Sadir abrió la puerta a suspenderlas, pero no a eliminarlas. Alfredo Cornejo, en Mendoza, defiende las primarias en su provincia mientras negocia la suspensión a nivel nacional.

La discusión no es neutral para la oposición. Sin PASO, el peronismo pierde el mecanismo que ambos bandos de su interna venían mirando como salida ordenada al conflicto entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof. El sector del gobernador sostiene que la candidatura debe definirse en las urnas; el kirchnerismo, con Cristina bajo prisión domiciliaria, controla el aparato partidario.

En el oficialismo lo dicen sin vueltas: creen que suspender las primarias empuja al justicialismo hacia la fractura o hacia un acuerdo de cúpula. Una fuente de Gobierno resumió la apuesta en una frase que circuló en varios medios: “Si no sacamos las PASO, Milei no reelige”.

Santilli pretende acelerar el debate en agosto, después del receso de invierno, con la expectativa de que el proyecto llegue al recinto antes de fin de año. Los aliados en el Senado piden calma: acompañar la reforma implica anticipar un respaldo a la reelección presidencial, y varios prefieren esperar a ver cómo evoluciona la imagen de Milei.


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