15 de octubre de 2026
Hay fotos que dicen más de lo que muestran. La que dejó la reciente entrega de certificados en el Senado es una: Victoria Villarruel sonríe junto a un cuadro político del PRO que sostiene su diploma del Programa de Formación en Líderes, con énfasis en Gestión Pública e Innovación. Un acto protocolar, hasta que se lo mira con el calendario de 2027 en la mano.
Porque la vicepresidenta, que evita confirmar sus pasos, ya tiene quien trabaje por ella. Pichetto aseguró que será candidata presidencial por fuera de La Libertad Avanza, y en Misiones un referente de Por la Vida y los Valores cuenta que trabaja desde diciembre en el armado que la respaldaría. Hasta La Nación la describe sin plan firme, que en política también es un plan. (Ya lo veníamos leyendo en Villarruel y el 2027: la vice que empezó a ordenar su propio tiempo y en Villarruel, la figura que todos quieren pero nadie reclama.)
El problema de todo proyecto que nace fuera del oficialismo es la estructura: faltan armadores, referentes locales y fiscales. Un programa del Senado ofrece un atajo barato: quien se anota deja su distrito, su organismo y su cargo, y se lleva un certificado con el sello de la Cámara y una foto con la presidenta. Con el Plan Federal, virtual, gratuito y abierto a legislaturas, concejos deliberantes y cualquier ciudadano, ese padrón de dirigentes tiene escala nacional y no pasa por ningún partido.
Habrá quien diga que es solo capacitación, y puede ser. Pero en política los diplomas se reparten con destinatario. Si Villarruel termina yendo por fuera de La Libertad Avanza, la lista de egresados sería el mapa más fiel de a quién conoce hoy en el interior y a quién puede llamar cuando llegue la hora de armar.
La rosca lo lee así: quien forma, elige. Y quien elige, arma.
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