Vidal rescata al pro de la polémica de Muzzio por la ESI

La exgobernadora se diferenció de la vicejefa porteña y buscó sacar al partido del pantano que dejaron sus dichos sobre la Educación Sexual Integral. Apoyo económico a Milei, sí; subordinación de agenda, no.

Buenos Aires, 15 de julio de 2026.

María Eugenia Vidal no salió a discutir la ESI. Salió a rescatar al PRO. Y esa es la lectura que importa.

En una entrevista con Luis Novaresio por A24, la diputada nacional fue consultada por la frase que Clara Muzzio había instalado —que la Educación Sexual Integral “les destruyó la cabeza a los niños”— y respondió sin anestesia: “Yo no estoy de acuerdo con eso”. Después, la definición que funciona como título y como operación política: “La ESI no es una doctrina, no es una ideología”. Recordó que es una ley de veinte años, que atravesó gobiernos de distinto signo, y que su función concreta es enseñarles a los chicos a cuidar su cuerpo, su salud y a detectar situaciones de abuso. “En eso ha funcionado”, cerró.

Hasta ahí, una posición. Pero en la rosca, el timing y el destinatario lo son todo.

El incendio que Vidal vino a apagar

La bomba la había puesto la propia vicejefa de Gobierno porteño. En una entrevista con MDZ, Muzzio calificó a la ESI de “trampa mortal”, habló de una “ideología siniestra” que “le destruyó la cabeza a los niños”, sostuvo que “hay dos sexos” —leído como una negación de las identidades trans— y hasta vinculó la caída de la natalidad con “la última ola del feminismo radical”. El costo no fue barato: repudio transversal, una carta documento y un proyecto de resolución en la propia Legislatura porteña —que Muzzio preside— pidiendo explicaciones sobre la implementación de la ESI en las escuelas de la Ciudad.

Lo revelador es quiénes firmaron ese pedido. No fue solo la oposición peronista. El larretismo de Confianza y Desarrollo (Graciela Ocaña, Guadalupe Tagliaferri, el propio Horacio Rodríguez Larreta) y la UCR de Manuela Thourte también pusieron distancia. Dicho de otro modo: los dichos de Muzzio no separaron al oficialismo porteño de la oposición. Abrieron una grieta dentro de la propia galaxia de centroderecha.

Ahí es donde entra Vidal. Cuando la que sale a marcar la cancha es una de las caras nacionales del PRO —no una aliada lateral, sino el corazón del partido—, el gesto trasciende lo individual y se vuelve señal de reordenamiento: esto no nos representa. El PRO no está hoy en modo liderazgo, sino en modo sobrevivir con identidad y evitar la absorción libertaria, y una vicejefa comprando la agenda cultural del mileísmo más duro es exactamente el tipo de flanco que el ala republicana no puede dejar abierto.

“Ñoña republicana”: la misma operación, otro frente

No es casual que en la misma entrevista Vidal haya hecho el mismo movimiento con el Gobierno nacional. Reconoció que votó a Milei en el balotaje —ante la disyuntiva con Sergio Massa y porque “no me gusta mucho el voto en blanco”— pero le enrostró una lista de daños institucionales: “Desconoció leyes, tuvo delegaciones de poderes inconstitucionales, tuvo ANDIS, tuvo LIBRA”. Y remató asumiendo con ironía la etiqueta con la que suelen descalificarla: “Sí, yo soy una ñoña republicana”.

El patrón es idéntico en los dos frentes. Que el PRO haya acompañado las leyes económicas de Milei no la obliga —dice Vidal— a bancar todo lo demás. Apoyo puntual, sí; fusión, no. Y lo mismo hacia adentro: se puede ser oficialismo porteño sin comprarle a Muzzio la guerra cultural.

La rosca

Muzzio jugó a instalarse en la agenda que hoy paga dividendos con el núcleo duro libertario. Vidal jugó a proteger el otro activo del PRO: el votante de centro que se espanta con el fundamentalismo. En un espacio que mira con temor cómo varios de sus cuadros terminaron absorbidos por la órbita de Karina Milei y que pelea por no quedar reducido a furgón de cola rumbo a 2027, esa disputa por el tono no es un detalle. Es la interna.

Muzzio prendió el fósforo. Vidal llegó con el matafuegos. Y en el medio, un PRO tratando de decidir qué quiere ser cuando sea grande.

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