Fanatismo político: cuando creer reemplaza a pensar
Identidades cerradas, fe cívica y una democracia cada vez más ruidosa
Identidades cerradas, fe cívica y una democracia cada vez más ruidosa
No hubo acto, ni palco, ni liturgia. Hubo señales. Y en política, las señales también gobiernan.
Escuchan todo, no figuran en ningún lado y saben más que muchos ministros. El poder también se guarda en el asiento delantero.
Sin anuncios formales ni fotos épicas, Karina Milei empezó a mover las fichas del futuro. Tres nombres, tres territorios y una señal clara hacia adentro y hacia afuera de La Libertad Avanza.
En una misma semana se concentraron cuatro hechos vinculados a Mauricio Macri. Ninguno, por sí solo, altera el escenario político nacional. Leídos en conjunto, permiten identificar un patrón: reordenamiento defensivo, no relanzamiento.
Mientras el PRO discute si tener candidato propio en 2027, el verdadero problema sigue intacto: quién se anima a sentarse en la silla, romper inercias y ejercer conducción real. Sin poder efectivo, la renovación es solo una consigna elegante.
Una placa sobre inflación, una omisión llamativa y una pregunta que vuelve: ¿acuerdo real o mito funcional?
Mientras los primos Macri salen a vender “reconciliación” rumbo a 2027, el dato jugoso no es el abrazo: es el nombre que asoma detrás. Si el proyecto no levanta, Guillermo Dietrich puede pasar de “no corre” a salvavidas del PRO porteño.
Se rompe la postal y se libera el jugador: Macri pierde capital emocional, pero gana foco para volver a la cancha.
La jura en la AGN no fue trámite: fue poder. El PRO quedó afuera del reparto y el control empezó a oler a botín.
El trabajo es la base de toda empresa. No olvidemos la ecuación fundamental: el empresario contrata personal no por generosidad, sino porque cada empleado es la fuente de las ganancias que, sin él, no podrían obtenerse.