
La política bonaerense de La Libertad Avanza tiene tres protagonistas y un escenario abierto. Sebastián Pareja, el hombre que Karina Milei eligió para construir el partido en el principal distrito del país, terminó de imponer su autoridad al desplazar a Agustín Romo —referente provincial de Las Fuerzas del Cielo, el sector de Santiago Caputo— de la presidencia del bloque libertario en la Cámara de Diputados provincial. El lugar lo ocupará Juanes Osaba, dirigente platense que responde directamente a Pareja, mientras Romo se conformará con una vicepresidencia decorosa en el cuerpo. El cambio se formalizará en la próxima sesión.
La pelea es real, pero asimétrica. De los 20 diputados del bloque, apenas dos están alineados con Caputo: el propio Romo y Nahuel Sotelo, exsecretario de Culto. La mayoría aplastante responde al armado de Pareja. La derrota del caputismo en la Legislatura es, en los hechos, una formalidad de algo que ya estaba decidido: el karinismo controla el aparato bonaerense.
Y sin embargo, el que mejor sale parado de toda esta historia no es ninguno de los dos.
La cuenta de Pareja
Pareja ganó el round, pero pagó un costo. En las últimas semanas cambió la mitad de los coordinadores de las ocho secciones electorales e intervino a niveles municipales, apelando al reciclaje de dirigentes y a pactos territoriales para blindar su poder interno. La operación dejó heridos: concejales desplazados que salieron a la prensa con descargos furibundos —el caso del campanense Maximiliano Corio, que reportaba a Las Fuerzas del Cielo, es el más resonante—, denuncias cruzadas, y una pelea abierta con la militancia digital del mileísmo, que lo acusa de operar como un caudillo bonaerense más, lejos del ADN fundacional libertario.
El propio armador denunció judicialmente, en septiembre del año pasado, a un grupo de usuarios de redes por difundir su número de teléfono. La causa, que recayó en la fiscal porteña Celsa Ramírez, escaló la semana pasada cuando se imputó a once tuiteros del universo digital de Caputo por amenazas, instigación a cometer delitos e incitación pública contra instituciones. Ya hubo indagatorias y restricciones perimetrales: a los primeros indagados se les prohibió comunicarse con Pareja por cualquier medio.
La acusación que sus rivales repiten en X —”Pareja hace lo mismo que Massa”— es injusta en lo orgánico pero efectiva en lo simbólico: lo presenta como un operador del aparato, no como un militante de las ideas. Para una elección donde el votante PRO y el independiente todavía pesan, ese costo importa. Y Pareja lo sabe.
La cuenta de Romo
Romo perdió, y perdió mal. La salida fue negociada —acordó con Pareja dejar la jefatura del bloque para pasar a ser vicepresidente de la Cámara, en un enroque con Osaba—, pero el resultado político es inequívoco: el caputismo bonaerense se quedó sin terminal institucional propia. El asesor presidencial, que en el plano nacional sigue siendo influyente, en la provincia más grande del país no tiene tropa propia ni capacidad de veto.
La salida se gestaba desde fines del año pasado. En diciembre, el propio Romo había ofrecido renunciar y Milei lo había frenado. Lo que destrabó la operación ahora fue una acumulación de fricciones: la presentación en solitario de un proyecto para eliminar el Senado bonaerense impulsado por el diputado Héctor Gay, la ausencia de Romo en actividades clave del bloque como la presentación de la Boleta Única de Papel, y —sobre todo— la pelea de fondo: Pareja venía buscando controlar las secretarías Administrativa y Legislativa del bloque, donde se juega la letra fina de los proyectos y los contratos. Romo se resistió. El armador no perdona.
La consecuencia indirecta es la que importa: el entorno caputista, derrotado en lo orgánico, empezó a respaldarse en el armado de Cristian Ritondo para tener voz en la conversación por 2027. Y en el PRO bonaerense militan a cielo abierto la candidatura de Santilli para la gobernación. Es decir: los derrotados de la interna libertaria terminan empujando al dirigente del PRO.
El gesto que cambió el clima
La señal más fuerte no la dio ni Pareja ni Karina. La dio Javier Milei.
El viernes 17, mientras la pelea Lemoine-Gordo Dan escalaba en X, el Presidente retuiteó un mensaje de la diputada que apuntaba sin nombrarlo al referente de Las Fuerzas del Cielo: “La realidad sigue siendo la misma sin importar cuántos shares, likes o comments tengas. Podés influenciar a otros? Sí… circunstancialmente. No la vas a torcer a fuerza de bots, callcenters ni comunicadores ensobrados”.
El gesto fue leído como un parteaguas. Por primera vez de manera explícita, Milei se corrió del rol de árbitro y tomó partido. Eligió a la diputada cercana a Karina sobre el militante digital de Caputo. En Las Fuerzas del Cielo lo dramatizaron sin sutilezas —”Javier echó a los pibes de la Plaza”, repitieron en X, con la analogía peronista de fondo—, y un sector pidió al Presidente que “blanqueara” su posición.
Lo blanqueó. Y al hacerlo, terminó de inclinar el tablero.
La cuenta de Santilli
Mientras los otros dos se desangraban, el Colo cenó en Olivos hasta las dos de la mañana con Javier Milei, asumió como ministro del Interior con la bendición de Karina y se sentó en Suipacha al lado de “El Jefe” como si fuera de la familia. La diferencia con noviembre del año pasado es elocuente: Santilli se había quedado afuera del congreso provincial de La Libertad Avanza que organizó Karina en Mar del Plata para ordenar el armado bonaerense. Esta vez, en cambio, fue convocado al escenario.
Dejó de ser un invitado del PRO para ser parte del núcleo que piensa la provincia.
Hay señales concretas que conviene tomar con la prudencia que merece todo lo que falta. Trasciende que el PRO y La Libertad Avanza tendrían un principio de acuerdo para armar una alianza amplia en 2027 y que Santilli figura entre los nombres con mejor proyección. En el entorno de Pareja, dicen, no rechazan ese diagnóstico, aunque marcan que la lapicera sigue siendo violeta y que las advertencias hacia el PRO no son menores. Pero de ahí a una candidatura confirmada hay un trecho largo: faltan casi dos años, no hubo elecciones intermedias provinciales, y la política argentina enseñó muchas veces que el candidato que parece imbatible en abril termina afuera en agosto del año siguiente.
Lo que sí puede afirmarse, hoy, es que Santilli es uno de los nombres en la mesa. Y que su posicionamiento mejoró sin que tuviera que mover una ficha.
Por qué la pelea lo favorece
La interna Romo-Pareja le sirve a Santilli en tres dimensiones convergentes, aunque ninguna garantiza un final.
Lo posiciona como activo de unidad. En un espacio que se mostró fracturado entre tuiteros y armadores, alguien que no participó de ninguno de los dos bandos se vuelve, automáticamente, el denominador común. Karina necesitará en algún momento una candidatura que no arrastre la mochila de la pelea, y Santilli es ese tipo de perfil: ni Fuerzas del Cielo ni karinismo puro. Un afuera funcional.
Le da un techo electoral más alto que cualquier “violeta puro”. Las mediciones lo vienen marcando hace meses: Santilli toca un techo del 36,7%, por encima incluso del propio apellido Milei en la provincia, que toca el 32,8%. Son números de hoy, con todas las salvedades del caso, pero la lectura política es difícil de ignorar: el sello violeta puro rinde menos que un ex PRO con perfil de gestión.
Convierte a sus rivales en aliados potenciales. Pareja necesita exhibir lealtad y disciplina para mantener su lugar como hombre de Karina. Ritondo necesita un candidato propio para sostener al PRO en territorio bonaerense. Karina necesita ganar la provincia para apuntalar la reelección de su hermano. Los tres terminan, hoy, mirando hacia el mismo lado por motivos distintos. Es una geometría favorable, no un final escrito.
La cautela que se impone
Nada está cerrado, y conviene no comprar el final feliz. La candidatura depende de variables que hoy escapan al control de cualquiera: la performance del Gobierno durante 2026, los movimientos de Mauricio Macri —que no abandona del todo la idea de volver a la Casa Rosada—, la incógnita de Maximiliano Abad en la UCR, qué hará Patricia Bullrich, y un dato que ningún libertario pronuncia en voz alta pero todos calculan en silencio: si Caputo recupera influencia en la mesa chica de Olivos, la conversación puede reabrirse.
Pareja, además, sigue siendo una carta. El propio armador no descarta jugarse él como candidato si las encuestas lo acompañan, y desde su entorno deslizan que la derrota del 7 de septiembre del año pasado obligó a “ordenar la interna” antes que a buscar nombres atractivos. Esa lectura todavía está viva.
Por ahora, Santilli juega bien una posición que no eligió del todo: tiene visibilidad sin haber pagado los costos de la interna. Cada round —la denuncia de Pareja a los tuiteros, el desplazamiento de Romo, los cruces entre Lilia Lemoine y el Gordo Dan, el retuit de Milei a la diputada— le suma un argumento al perfil de un dirigente que no se ensucia.
En política, a veces ganar centímetros es simplemente no estar donde otros se pegan. Falta una eternidad para 2027, pero el tablero, hoy, lo encuentra parado donde nadie lo ataca.