MÁS DE OCHO PROVINCIAS DESDOBLAN LAS ELECCIONES 2027 Y LE RECALCULAN EL MAPA A MILEI

Tucumán ya firmó el decreto y puso fecha; el resto todavía juega a las escondidas. Detrás de cada calendario provincial hay la misma jugada: despegar la suerte propia de la polarización nacional y no atarse al humor hacia Milei. El desdoblamiento no es un trámite de fechas, es una declaración de autonomía.

Buenos Aires, 5 de agosto de 2026.

Hay una decisión que se está tomando en despachos provinciales, lejos de las cámaras, y que va a ordenar toda la lectura del año que viene más que cualquier anuncio de la Casa Rosada: cuándo se vota en cada distrito. Más de ocho gobernadores ya proyectan separar sus comicios de la elección presidencial de 2027. No es un detalle de calendario. Es una jugada defensiva, coordinada entre espacios que en la superficie no tienen nada que ver entre sí, con un objetivo común: despegar la suerte propia de la polarización nacional que encabezará Javier Milei.

La mecánica es sencilla y por eso es efectiva. El que desdobla convierte la elección provincial en un partido de local, donde se discute la gestión, la obra y el vínculo con el vecino, y no el humor nacional hacia el Presidente. El que unifica, en cambio, se sube a la ola —a favor o en contra— y deja que la boleta la defina la macro. En un año donde nadie sabe todavía si la motosierra será activo o pasivo, la mayoría de los mandatarios prefiere no jugar su reelección a esa incógnita.

El tablero, provincia por provincia

El mapa ya empezó a dibujarse, y hay un dato duro que ordena todo el resto: Tucumán es, por ahora, la única provincia que oficializó el desdoblamiento por decreto. Osvaldo Jaldo firmó la convocatoria para el 9 de mayo de 2027 —cuando se elegirán gobernador, vice, legisladores, intendentes y concejales—, bien lejos del 24 de octubre previsto para la elección presidencial. El resto todavía juega en el terreno de la intención. Mendoza es la más avanzada de ese pelotón: Alfredo Cornejo definió que las primarias provinciales serán en julio, separadas del proceso nacional. Santa Fe, donde Maximiliano Pullaro va por la reelección, analiza una ventana amplia —entre mediados de junio y principios de septiembre—, con junio como fecha más probable. En el norte, Gustavo Sáenz maneja en Salta dos domingos posibles de mayo, mientras que Jujuy mantendría su costumbre histórica de adelantar los comicios locales.

Más al sur, Chubut evalúa una elección entre julio y agosto, sin decreto todavía, y Neuquén conversa una posible convocatoria de agosto que Rolando Figueroa termina de acordar con su aliado en la capital. Tierra del Fuego queda obligada a votar aparte por una disposición constitucional. Río Negro, Entre Ríos, San Juan y San Luis también aparecen dentro del universo del desdoblamiento, aunque con distintos grados de definición, y en Misiones —tras la ruptura entre Passalacqua y Rovira— ya dan por hecho la separación, todavía sin fecha certera. La Rioja, Formosa y La Pampa, las tres gestionadas por el peronismo, todavía no se pronunciaron oficialmente y esperarían hasta el límite legal.

Y después está Córdoba, que por peso propio merece capítulo aparte: el segundo padrón del país no seguirá el curso de la elección nacional, y sus definiciones llegarían recién entre diciembre y enero. Cuando el distrito con más votos después de la Provincia decide correrse de la agenda nacional, el mensaje al Gobierno es difícil de ignorar.

Buenos Aires, la carta que ordena todo

Como siempre, la provincia grande es la que define el clima. Axel Kicillof tiene la lapicera, pero no la libertad absoluta: las primarias bonaerenses están atadas por ley al régimen nacional, de modo que cualquier decisión depende primero de lo que pase con las PASO en el Congreso. Ahí aparece la primera tensión de la rosca.

Dentro del peronismo bonaerense, varios intendentes de Fuerza Patria presionan para repetir el esquema que ya usaron —desdoblar y jugar de local—. Pero en el propio Ejecutivo admiten que el escenario cambió: si la imagen presidencial sigue en caída, unificar con la nacional podría convenirle al oficialismo provincial más que separarse. Es la lectura menos intuitiva y por eso la más interesante: el desdoblamiento no siempre es la jugada ganadora, y en La Plata lo saben. Del otro lado del mostrador, en La Libertad Avanza trabajan directamente con la hipótesis de que Kicillof va a desdoblar, aunque en la Gobernación no lo confirman y remarcan que todo está sujeto a variables que aún no se despejaron. Esa misma pelea por las reglas del juego bonaerense ya tiene otro frente abierto en la disputa por la reelección de los intendentes, donde los que traban no son ni el PRO ni los libertarios.

Qué gana y qué pierde la Casa Rosada

Para el Gobierno nacional, la ola de desdoblamientos es un problema de arquitectura. Milei necesita nacionalizar 2027, convertir cada elección en un plebiscito de su gestión y arrastrar con su figura a los candidatos propios en los distritos donde LLA todavía no tiene estructura territorial. Cada gobernador que separa su elección le quita al Presidente una pieza de ese rompecabezas: le niega el efecto arrastre y lo obliga a competir en desventaja contra aparatos provinciales aceitados.

Por eso el oficialismo empujó la suspensión de las PASO para 2027 y busca cerrar acuerdos con los mandatarios aliados, con matices según la provincia. Algunos gobernadores radicales se muestran favorables a eliminar las primarias; otros lo miran con reservas. La negociación en el Congreso es, en los hechos, la que va a destrabar buena parte del calendario: varias provincias esperan ese resultado antes de fijar sus propias fechas. No todos, sin embargo, se corren de la nacional. En Catamarca, donde Raúl Jalil es uno de los principales aliados legislativos del oficialismo, la elección podría celebrarse en octubre, junto con la presidencial. Es la excepción que confirma la regla —y que sirve de termómetro para leer quién juega con la Casa Rosada y quién prefiere despegarse.

El trasfondo es el que ya venimos marcando en La Rosca: 2027 no se define solo en el búnker libertario, sino en la suma de decisiones ajenas —de gobernadores, de expresidentes, de intendentes— que el Presidente no controla. El desdoblamiento es apenas el primer capítulo de ese ajedrez federal. Y hay un dato que conviene no perder de vista: las únicas dos provincias que no elegirán gobernador el año que viene son Corrientes y Santiago del Estero, donde los oficialismos ya retuvieron el Ejecutivo. En el resto, la pelea recién empieza.

El desdoblamiento no es neutral ni técnico: es una declaración de autonomía. Cada gobernador que corre su elección del domingo nacional está diciendo, en el idioma de la rosca, que prefiere que lo juzguen por lo suyo antes que por la macro de Milei. En años de polarización, blindar el territorio vale más que cualquier alianza. La otra cara la juega el que construye poder para después: mientras se ordenan las fechas, en el Congreso ya se pelea por la tropa propia que impondrá condiciones en 2027. El calendario, esta vez, es la primera batalla de la elección. Y se está ganando o perdiendo ahora.

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