
La Rosca Digital — 2 de agosto de 2026
Hay un número que ordena toda la interna bonaerense de cara a 2027, y no es una encuesta. Es 80. Ochenta de los 135 intendentes de la provincia de Buenos Aires no podrían presentarse a un nuevo mandato el año que viene si la Legislatura no toca la ley que limita las reelecciones. Ese dato, frío, es el que explica por qué Axel Kicillof volvió a poner el tema sobre la mesa esta semana y por qué, al mismo tiempo, no puede resolverlo con la lapicera.
Vamos al origen. La Ley 14.836 fue sancionada en 2016, durante la gestión de María Eugenia Vidal y con el respaldo del Frente Renovador. Fijó un techo: dos mandatos consecutivos para intendentes, concejales, legisladores provinciales y consejeros escolares. En diciembre de 2021, ya con Kicillof en la Gobernación, la Legislatura hizo un retoque que hoy pasa factura: redefinió que el mandato iniciado en 2019 contaba como el primero de los dos posibles. Esa corrección habilitó a los jefes comunales a competir en 2023. Y esa misma corrección es la que ahora los deja afuera de 2027. La trampa la armó el propio oficialismo, y ahora busca desarmarla contra reloj.
El mapa de los 80
Acá está la rosca de fondo. El límite no reparte parejo: golpea sobre todo al peronismo. Según los cálculos que circulan en la Legislatura, de los 80 intendentes alcanzados 51 son peronistas, 17 radicales, 5 filolibertarios, 4 vecinalistas y 3 macristas. Traducción sin anestesia: la ley que Kicillof necesita voltear es la que más desangra a su propia tropa territorial. Y esa tropa es, justamente, la estructura sobre la que el gobernador quiere apoyar su proyección presidencial. Sin intendentes reelectos que le devuelvan el favor, el andamiaje se le mueve.
Por eso el gobernador reactivó el debate junto a la vicegobernadora Verónica Magario, aunque con una aclaración que no es un detalle: que la decisión “es un tema de la Legislatura”. Kicillof no puede ir por un tercer mandato y se cuidó de separar la discusión de los jefes comunales de la de gobernadores o presidentes. El vehículo concreto es el proyecto de la senadora Ayelén Durán, que deroga los artículos 1 y 6 de la 14.836, tiene estado parlamentario, pero todavía no consiguió fecha de tratamiento. Desde el Ministerio de Gobierno sostienen que el límite tiene carácter proscriptivo y que la última palabra debería quedar en manos de los votantes.
La interna que traba todo
Y acá aparece lo que ningún comunicado dice en voz alta: el freno no está solo enfrente, está adentro. La Cámpora, con pocos intendentes propios alcanzados por la restricción, no tiene un solo incentivo para destrabarla; desde ese espacio dejan trascender que quien no pueda reelegir siempre puede buscar una banca en Diputados. El Frente Renovador, por su lado, resiste el cambio con memoria de autor: la 14.836 lleva su firma y la defienden como una bandera. Kicillof, entonces, no pelea contra Vidal. Pelea contra dos socios de su propia coalición que hoy juegan a que no se toque nada.
La oposición completa el cuadro, pero fragmentada. El PRO bonaerense salió a rechazarlo de plano, hablando de “cargos eternos” y de “un retroceso para la democracia”. La Libertad Avanza también se opone. La UCR muestra posiciones divididas: el Foro de Intendentes Radicales todavía no fijó postura. Aun así, en los pasillos admiten una hipótesis incómoda: si el peronismo ordenara su interna y juntara los votos propios, la oposición dejaría de ser un obstáculo insalvable. El problema, otra vez, no es el rival. Es el espejo.
Los atajos, por las dudas
Mientras el proyecto no consigue fecha, ya circulan los planes B. Uno consiste en trasladar la decisión a cada Concejo Deliberante, apelando a la autonomía municipal del artículo 123 de la Constitución Nacional —con la variante de exigir dos tercios del cuerpo en vez de mayoría simple, para seducir a la oposición—. El otro es más artesanal: que un dirigente de confianza se presente como intendente mientras el jefe comunal actual encabeza la lista de concejales; una renuncia posterior dejaría al primer concejal a cargo del municipio. No hay proyecto formal para ninguna de las dos vías, pero que se hablen ya dice algo.
Porque al final la pregunta no es si la ley se cambia. Es quién quiere que se cambie y quién no, dentro del mismo espacio. Y esa lista, a diferencia de los 80, todavía no está escrita. La discusión de fondo —quién hereda la provincia y con qué estructura— ya empezó, y es la misma que va a ordenar todo el tablero rumbo a 2027.

