Cuando una crisis no se cierra a tiempo, deja de ser un episodio y pasa a ser clima. Eso es lo que empieza a pasar con el escándalo $LIBRA. La investigación judicial siguió su curso durante 2025 y 2026, con Eduardo Taiano al frente de medidas de prueba, allanamientos y nuevas líneas sobre comunicaciones, dinero y vínculos entre protagonistas del caso. En paralelo, el tema nunca terminó de salir de la conversación pública y volvió a pegar sobre la credibilidad del oficialismo.  

La foto política es esa: una crisis de sombra larga. No porque aparezca una novedad explosiva todos los días, sino porque cada avance, peritaje o dato nuevo reactiva una pregunta de fondo que el Gobierno no logró clausurar. La propia cobertura del caso muestra que el expediente siguió acumulando capítulos: desde la ruta de los fondos y los movimientos de Hayden Davis hasta peritajes sobre intercambios y llamados ligados al lanzamiento de $LIBRA. O sea: el problema no se apagó; quedó en brasas.  

Y mientras la causa sigue respirando en Comodoro Py y también en EE.UU., el desgaste en opinión pública se ve en los números. Un relevamiento de Zuban Córdoba mostró que el 61,9% calificó como no convincentes las respuestas oficiales frente al “coimasgate”, mientras solo el 33,4% las consideró creíbles. Ahí está el nudo de la nota: más que una tormenta pasajera, el oficialismo enfrenta una mancha que no encontró todavía forma de achicarse. A veces el mayor problema no es el escándalo inicial. Es todo lo que sigue después.  

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