Cristina Kirchner está presa, condenada y proscripta. No puede ser candidata. Eso, en la lógica convencional, la corre del tablero. Pero en la rosca peronista, estar fuera del juego no significa estar fuera del poder. Significa que el poder que le queda es de otro tipo: el poder del árbitro. El que no juega pero decide quién gana.
Y para ejercer ese poder en 2027, Cristina necesita una cosa que nadie en su entorno va a decir en público: necesita que haya PASO.

La trampa de la unidad
El argumento más repetido en el peronismo es que la unidad es la única forma de ganarle a Milei. Es correcto como diagnóstico electoral. Pero para Cristina, la unidad tiene un problema enorme: si Kicillof y Massa acuerdan una fórmula sin pasar por ella, Cristina queda afuera de la cocina.
El candidato que emerge de un acuerdo entre el gobernador bonaerense, Massa y los gobernadores del PJ no le debe nada a San José 1111. Le debe a Ziliotto, a Insfrán, a la CGT, al tigrense. Sin deuda política no hay negociación, y sin negociación no hay poder de veto. La unidad sin Cristina en el centro es la peor noticia para Cristina.
La PASO, en cambio, invierte toda esa lógica.
Por qué la PASO la hace indispensable
En una primaria entre Axel y Sergio, los dos candidatos necesitan el mismo activo que hoy no tiene precio de mercado: el voto duro kirchnerista. Ese voto sigue siendo de Cristina. Nadie lo activa sin su señal.
Kicillof lo sabe mejor que nadie. Las encuestas lo muestran aplastando a Massa en cualquier interna, pero eso no le resuelve el problema. Sin el respaldo explícito del cristinismo su techo se achica a nivel nacional. Y La Cámpora se lo recuerda cada semana: con cada banderazo, con cada acto en Parque Lezama, con cada chicana de Máximo que habla de “candidatos por default” sin nombrar a nadie porque no hace falta.
Acá está la clave que la nota tiene que dejar en claro: Massa en este escenario no es un rival independiente de Kicillof. Es el instrumento de Cristina. La PASO que le conviene no es “Axel contra Sergio como iguales” — es “Axel contra el candidato que yo respaldo”. Massa como candidato kirchnerista en una primaria no busca ganar: busca ser el precio que Kicillof tiene que pagar para ganar. Si Axel quiere ese voto duro, tiene que sentarse a negociar con Cristina antes del cierre de listas. En sus términos.
Dos candidatos que necesitan a Cristina para ganar la primaria = Cristina en el centro de la negociación. Sin votos propios, pero con llave.
El movimiento del 19
En el entorno de la expresidenta no descartan que esté esperando para repetir la jugada de 2019: designar al candidato prácticamente sobre la hora del cierre de listas, cuando el proceso electoral ya está caliente y nadie puede reencuadrar el tablero. Ese movimiento sorprendió a todo el peronismo con Alberto Fernández y le dio a Cristina el control total de una candidatura que técnicamente no era la suya.
Para ejecutar esa jugada en 2027, necesita que el proceso llegue abierto hasta tarde. Una PASO entre Kicillof y Massa le da exactamente eso: dos candidatos en campaña, desgastándose, y ella esperando el momento para hacer el último movimiento. Respalda al que más le conviene cuando el costo de no hacerlo se vuelve más alto que el de hacerlo. Y se cobra el precio.
El límite de la hipótesis
Esta lectura tiene un problema que el kirchnerismo conoce de memoria: una PASO mal administrada destruye candidaturas. Lo vio en JxC en 2023, con la guerra entre Bullrich y Larreta. El peronismo no puede darse ese lujo.
Por eso la PASO que le conviene a Cristina no es una guerra sin reglas: es una interna controlada, con fecha de vencimiento, donde ella tiene la llave del acuerdo final. Una PASO que empieza como disputa y termina como unidad ordenada alrededor de quien ella bendiga. El proceso como instrumento de poder, no como fin en sí mismo.
Hay además una variable que puede tirar abajo todo el escenario: si el gobierno elimina las PASO, la hipótesis se cae. Los legisladores del peronismo ya evaluaron que LLA tiene los votos para bajarlas si tres gobernadores acuerdan con Milei. Ese dato no es menor. Pero mientras las primarias sigan en pie, la lógica se sostiene.
Y en 2003 el peronismo fue a elecciones con tres candidatos y ganó igual. Cristina no olvidó esa lección.

El fondo de la cuestión
La hipótesis se sostiene porque parte de una premisa simple: el poder de Cristina en 2027 no es el poder de ganar. Es el poder de decidir quién gana. Para ejercer ese poder necesita que nadie pueda ganar sin ella.
Una fórmula de unidad sin su intervención la vuelve prescindible. Una PASO entre Kicillof y Massa — donde Massa juega como candidato kirchnerista — la vuelve indispensable.
Por eso, aunque en público el kirchnerismo habla de unidad y Máximo repite que quiere a Cristina candidata, en la práctica cada movimiento apunta a lo mismo: que no haya candidato confirmado hasta que Cristina decida. La PASO es el formato que mejor garantiza que esa decisión siga siendo de ella.
La rosca no se cuenta. Se interpreta.