El gesto lo resumió Jorge Asís con una frase que corrió rápido en la city misionera: la vaca se volvió toro. Así describió la pérdida de autoridad del hombre que durante dos décadas manejó la provincia con las compuertas cerradas.
Rovira dio por muerto al viejo Frente Renovador de la Concordia y parió Encuentro Misionero. Dijo que no será candidato en 2027, pero se guardó la conducción política: no sube a la boleta, elige quién sube. El problema fue de guión: la nueva marca metió a Passalacqua en la foto sin permiso. El gobernador se despegó rápido, y la aclaración llegó por boca de Carlos “Kako” Sartori, su jefe de Gabinete: nosotros no nos fuimos, ellos se fueron del espacio. Ni siquiera los invitaron al lanzamiento, dijo.
El dato que duele en la mesa chica de Rovira es territorial. Según el propio Sartori, entre el 95 y el 97 por ciento de los intendentes oficialistas respaldan una nueva candidatura de Passalacqua en 2027. En Ruiz de Montoya, distintos medios locales contaron entre 60 y 67 jefes comunales firmando un acta de respaldo explícito. No fue sobremesa. Fue demostración de poder real.
Rovira, sin embargo, conserva la lapicera legislativa. Caso testigo: la interpelación a Adorni, donde ningún diputado misionero dio quórum, y ahí aparecieron los roviristas de Encuentro Misionero —Herrera Ahuad, Vancsik, Yamila Ruiz, Arrúa— dándole aire a la Casa Rosada. El mensaje fue doble: Rovira todavía tiene botonera en Buenos Aires, y esa botonera responde a él, no al gobernador.
El mapa quedó partido. Passalacqua tiene gobierno, caja municipal y territorio. Rovira tiene bloque legislativo. Y en el medio, Sartori, bajo la lupa: fue presidente de la CODEIM, que administró fondos millonarios, y el Tribunal de Cuentas y la Fiscalía de Estado investigan rendiciones cuestionadas y un posible desvío de recursos. La causa roza también al intendente de Colonia Victoria, Hugo Andino.
Es el tipo de expediente que en tiempos de paz interna duerme en un cajón. En guerra abierta, se convierte en garrote. Y el garrote está en manos de la parte más débil del tablero.
Rovira ya perdió el silbido que ordenaba a todos. Passalacqua ganó territorio, pero no partido propio. Sartori, el vocero del quiebre, es también su punto más expuesto.