La iglesia evangélica irrumpe con fuerza en la política argentina.

Desde diciembre, dos senadores y siete diputados que profesan esta fe ocuparán bancas clave, consolidando un fenómeno que crece mientras el catolicismo pierde terreno, sobre todo en el NEA y NOA. En ese mapa aparece un actor imposible de ignorar: Dante Gebel, pastor-estrella que, sin militar en un partido, ordena climas, marca agenda cultural y habilita que nuevos liderazgos evangélicos entren al juego sin pedir permiso.

El avance abre interrogantes: ¿cómo impactarán estos actores en debates sobre aborto, educación y derechos? ¿Puede sostenerse la separación Iglesia-Estado o empieza una zona gris? ¿Cuál es el verdadero alcance político de los pastores y de figuras como Gebel, que influyen sin ocupar cargos?

La diversidad interna evita leerlos como un bloque único, pero el crecimiento es real. Entre dudas por financiamiento, escándalos previos y vínculos con el poder, Argentina escribe un capítulo donde la fe deja de ser backstage.

¿Pluralización democrática o riesgo para la laicidad? El reloj ya empezó a correr.

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