La fórmula cristina-máximo hace sonreír a milei

Máximo pidió que su madre sea candidata. Un intendente lo pidió a él. La Cámpora corrigió el rumbo el mismo día. Y en Balcarce 50 no hizo falta decir nada: el mejor operativo de campaña de La Libertad Avanza para 2027 lo está haciendo, gratis, el kirchnerismo.

Sábado 11 de julio de 2026


El acto del jueves 9 de julio en Carmen de Areco no fue un plenario militante más. Fue el cuarto que encabeza Máximo Kirchner en lo que va del año —después de María Teresa, Paraná y Parque Lezama— y el primero en el interior bonaerense, territorio donde el gobernador Axel Kicillof construye desde hace dos años. La elección del distrito tampoco fue neutra: lo administra Iván Villagrán, uno de los intendentes de La Cámpora que no reconoce el proyecto presidencial del gobernador.

Allí el diputado repitió su consigna —que Cristina Fernández de Kirchner sea la candidata del peronismo en 2027— y agregó una aclaración dirigida a un solo destinatario: al proponerla, dijo, “no queremos joder la vida y el destino a nadie”. La disputa por el liderazgo del peronismo bonaerense ya no admite eufemismos.

El globo y la corrección

La novedad, sin embargo, no salió de la boca de Máximo Kirchner sino de la de su anfitrión. Horas antes del acto, Villagrán había propuesto al diputado como candidato presidencial —”me encantaría Máximo Presidente”— y justificó la postulación en el apellido, al que definió como un “sello de calidad”.

Quedó así planteada, sin que nadie la firmara, la hipótesis de una fórmula Cristina-Máximo.

El movimiento duró poco. Ese mismo día, la secretaria general de La Cámpora, Lucía Cámpora, elogió al diputado en un streaming pero aclaró que la candidatura que impulsa el espacio es la de la expresidenta. La conducción, en los hechos, desactivó el globo de su propio intendente antes de que terminara la jornada.

El dato es más relevante que el discurso. Un sector de La Cámpora está midiendo temperatura por fuera del libreto, o el libreto contempla medirla y luego negarlo. Ninguna de las dos lecturas habla de un espacio con unidad de mando.

El vice no es un vice

La insistencia con una candidatura judicialmente imposible solo se entiende si se lee la mecánica.

Cristina Kirchner cumple prisión domiciliaria por la causa Vialidad y está inhabilitada de por vida para ejercer cargos públicos. No puede ser candidata. El propio kirchnerismo lo sabe.

La estrategia que dirigentes del sector describen en privado es otra: presentar igual la fórmula, forzar a la justicia electoral a explicitar la impugnación —convirtiendo la “proscripción” de consigna en expediente— y, una vez que la expresidenta quede fuera, trasladar la candidatura presidencial a quien figuraba como vice.

En ese esquema, el segundo casillero de la boleta no es un lugar simbólico: es donde está el candidato real. Y ahí radica la diferencia entre los nombres que circulan. Wado de Pedro y Mariano Recalde —ninguno desmintió la versión— serían delegados de un liderazgo que sigue en San José 1111. Máximo Kirchner no. Máximo Kirchner es continuidad directa.

El kirchnerismo viene evocando el antecedente de Héctor Cámpora, el candidato concebido como instrumento de un líder proscripto. La analogía funciona con un delegado. Con el hijo, ya no.

La cuenta que se hace en Balcarce 50

El Gobierno no intervino en la interna peronista. La abstención es deliberada.

Los números explican por qué. La última medición nacional de Isasi/Burdman proyecta un eventual ballotage con Milei 52% y Kicillof 37%: quince puntos de diferencia. Conviene subrayar que ese es el mejor escenario disponible para la oposición. Kicillof es el dirigente peronista con mayor proyección nacional, el único que disputa el electorado de centro y —pese a ubicarse en el fondo del ranking de gobernadores— el que más creció en imagen durante el último mes.

Una fórmula con el apellido Kirchner en los dos casilleros consolida el núcleo duro y clausura la ampliación. En un balotaje, esa aritmética no se corrige con militancia.

Hay además tres efectos secundarios que el oficialismo lee con atención. El primero es discursivo: el andamiaje de La Libertad Avanza —la casta, el pasado, los cuarenta años— rinde mucho más contra un Kirchner que contra un economista que habla de producción. El segundo es estructural: un peronismo fracturado por la sucesión bonaerense no pierde una elección, pierde un ciclo, y en 2027 no se elige solamente presidente.

El tercero es más incómodo. La Casa Rosada negocia con los gobernadores la suspensión de las PASO 2027 a cambio de colectoras. El cristinismo también prefiere evitarlas: sin primarias, la fórmula llega directo a la general y el liderazgo no se somete a votación. Kicillof, en cambio, reclama interna abierta. No hace falta un acuerdo para que haya convergencia de intereses, y el perjudicado es siempre el mismo.

El flanco de la tesis

Sería un análisis incompleto omitir el argumento contrario.

Cristina Kirchner sigue midiendo. El último sondeo de Hugo Haime la ubica como la dirigente mejor posicionada del país, con 42,7% de imagen positiva, un número que ningún proceso judicial ha logrado erosionar. Y el relato de la proscripción conserva una capacidad de movilización que ningún armado territorial reemplaza.

El problema no es que la expresidenta no mida, sino dónde mide. Su piso es sólido y su techo, conocido. Las elecciones no las gana quien mejor consolida su base sino quien logra ampliarla, y el apellido opera en la dirección exactamente inversa.

La pregunta de fondo

No es si Cristina Kirchner puede ser candidata: no puede, y lo saben incluso quienes lo reclaman.

La pregunta es qué está dispuesto a resignar el kirchnerismo con tal de no resignar la conducción. Porque lo que se dirime en esta pulseada no es únicamente la presidencia, sino quién arma las listas, quién conserva la lapicera y quién queda en pie dentro del PJ el día después de la elección. Para eso, en un escenario donde el oficialismo ya trabaja su propia reelección, no hace falta ganar.

Es un cálculo legítimo. También es, para el Gobierno, la mejor noticia del semestre.

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