Hay una pregunta que debería desvelar a todos los estrategas políticos de la Argentina: ¿quién va a representar al electorado joven en 2027?

Las proyecciones indican que las personas de entre 16 y 35 años representarán el 39,1% de la población argentina de 16 años o más. En la provincia de Buenos Aires, ese porcentaje alcanza el 37,8%. Casi cuatro de cada diez personas en edad de votar pertenecen a este universo. Ignorarlo sería un error estratégico.

Históricamente, el peronismo construyó buena parte de su identidad sobre la representación de los trabajadores, la movilidad social y las expectativas de futuro de las nuevas generaciones. Sin embargo, en 2023, Javier Milei logró canalizar el malestar y las demandas de cambio de una parte decisiva del electorado joven.

Hoy, ese voto está sin tierra. No tiene una pertenencia política garantizada y constituye uno de los principales campos de disputa hacia 2027. El desafío no es solamente recuperar votantes: es comprender por qué una generación dejó de encontrar respuestas en las estructuras tradicionales.

Los indicadores sociales ayudan a entender la dimensión del problema. Entre los jóvenes urbanos de 18 a 25 años, el 39,6% no había completado el secundario, mientras que apenas el 14,2% del total de ese grupo accedía a un empleo pleno de derechos. Detrás de los números hay trayectorias educativas interrumpidas, dificultades para insertarse laboralmente y expectativas de progreso que la política no puede seguir postergando.

La comunicación es otra pieza central. El 97,8% de las personas de 18 a 29 años utiliza celular y el 96,5% usa internet. Las nuevas generaciones combinan redes sociales, videos, streaming y conversaciones digitales para construir sus opiniones.

Pero aquí aparece una confusión estratégica: estar en las redes no significa tener representación política. Publicar contenido, invertir en comunicación digital o dominar un algoritmo no garantiza construir confianza. La política necesita dejar de hablar únicamente de sí misma y empezar a escuchar los problemas concretos de quienes pretende representar.

De cara a 2027, el peronismo tendrá que revisar cómo reconstruir un vínculo histórico con las juventudes. La Libertad Avanza deberá demostrar si el respaldo conseguido en 2023 puede sostenerse en el tiempo. Y el resto de las fuerzas tendrá que encontrar una propuesta capaz de conectar con una generación que no necesariamente reconoce como propia ninguna identidad partidaria.

La respuesta exige volver a caminar los barrios, escuchar en las escuelas, las universidades, los clubes y los espacios comunitarios; comprender las preocupaciones de quienes buscan su primer empleo, de quienes estudian y trabajan, y de quienes sienten que el futuro dejó de ofrecerles certezas. No se trata de llegar con un discurso armado, sino de reconstruir una relación política genuina.

El desafío es volver a construir tejido social desde los jóvenes, generando comunidad, participación y proyectos colectivos. Recuperar los espacios donde encontrarse, organizarse, compartir experiencias y transformar problemas individuales en objetivos comunes. Que los jóvenes no sean solamente destinatarios de políticas públicas o audiencias digitales, sino protagonistas de una comunidad en la que puedan desarrollar sus capacidades, construir vínculos y sentirse parte de un futuro compartido.

Porque ningún algoritmo, por sofisticado que sea, puede reemplazar por completo la escucha, la confianza y la presencia sostenida en el territorio. Los datos permiten identificar tendencias; es la política la que debe convertirlas en vínculos, respuestas y representación.

El voto joven no tiene dueño. Tiene demandas, frustraciones y expectativas. La tarea consiste en comprenderlas y generar espacios reales donde esas inquietudes encuentren respuestas, participación y pertenencia.

Quizás la clave no sea inventar una nueva fórmula, sino recuperar aquello que la política fue dejando de lado: la cercanía, la militancia, la conversación cara a cara y el compromiso cotidiano. Volver al territorio para reconstruir comunidad, fortalecer el tejido social y recuperar la confianza de una generación que busca razones para involucrarse.

Porque, cuando la tecnología parece explicarlo todo, la política necesita recordar una verdad elemental: ninguna campaña reemplaza el trabajo de estar cerca de la gente.

Como dice El Eternauta: “Lo viejo funciona, Juan”.

Lic. Rafael Pérez Muñoz
Politólogo y consultor político

Compartí
Seguí la roscaRecibí cada nota apenas sale.

¿Te enteraste de algo que no estaba en los titulares? Para eso existe La Rosca. Si querés que siga, invitanos un café ☕