Derechos hereditarios y la visita a 11-11

Máximo reclama una herencia que todavía no le pertenece. Cristina entiende su rol mejor que nadie. El problema del heredero que necesita recordar todo el tiempo que lo es.

El banderazo realizado en Parque Lezama en respaldo a Cristina Kirchner dejó una postal que excedió la consigna de apoyo a la ex presidenta. El único orador fue Máximo Kirchner, quien aprovechó la convocatoria para enviar mensajes que, aunque sin nombres propios, tuvieron un destinatario evidente: Axel Kicillof.

Durante su discurso, el líder de La Cámpora cuestionó a quienes “hablan de unidad” pero “ni siquiera son capaces de ir a verla”, en referencia a la falta de visitas del gobernador bonaerense a Cristina. También sostuvo que el peronismo necesita “una candidata y no candidatos por default”, una frase interpretada como una crítica a quienes buscan proyectarse como sucesores naturales del liderazgo kirchnerista.

Las palabras de Máximo reflejan una disputa que ya dejó de ser silenciosa. Mientras Kicillof trabaja en la construcción de un espacio propio con gobernadores, intendentes y sectores sindicales, el núcleo duro del kirchnerismo busca reafirmar la centralidad política de Cristina y condicionar cualquier proceso sucesorio.

La paradoja es que Cristina parece comprender mejor que nadie el rol que le toca ocupar en esta etapa. Consciente de sus limitaciones y de su peso político, busca preservar su condición de referencia ineludible sin exponerse innecesariamente a una pelea por candidaturas. En cambio, su hijo aparece recorriendo cada acto y cada micrófono reclamando una herencia que todavía no le pertenece.

Porque en política el poder no se reclama. El poder se ejerce. Y cuando alguien necesita recordar permanentemente que es el heredero, suele ser porque todavía no logró demostrar que tiene el poder suficiente para ser reconocido como tal.

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