
6 de julio de 2026
Hay una frase que circularía en la Casa Rosada desde mayo y que esta semana se habría vuelto profecía. La habría usado una fuente oficialista para explicar por qué a Karina Milei le resultaría imposible domesticar a la senadora: “No le podés pedir peras al olmo. Patricia es Patricia” (La Nación, 7/5). Dos meses después, esa autonomía tendría fecha y forma: en agosto, gira nacional.
Pero la gira no se entendería sola. Se entendería al lado de lo que le estaría pasando a Bullrich en el propio Senado, donde perdería cada semana un poco más de la conducción que ejercía sin discusión hasta hace pocos meses.
El achique
Habría empezado con la jueza Michelli, en junio: Bullrich anunció “objeción de conciencia” contra un veto de Milei, ofreció su renuncia a la jefatura del bloque y terminó votando sola, a contramano de los 21 senadores que ella misma conduce. Habría seguido con Adorni: se habría adelantado a pedirle la cabeza cuando la interna ya sabía que su imagen negativa —80%— arrastraría al propio Presidente, y ese cálculo le habría funcionado, aunque le costó el gesto. Karina no lo habría dejado pasar: habría armado un grupo de WhatsApp para seguir de cerca al bloque libertario y, con Diego Santilli ya instalado en Jefatura de Gabinete, le habría sacado a Bullrich el manejo directo de la agenda legislativa. Esta semana, además, habría sido Victoria Villarruel la que le bajó el pulgar a la sesión que Bullrich quería forzar para el 8 de julio: la pospuso hasta mediados de mes. Tres frentes distintos, un mismo mensaje. En la Rosada lo dirían sin metáfora: “hay que hacerle sentir a Patricia quién conduce”.
La respuesta
Cuanto más la corrieran de la mesa chica, más necesitaría mostrar que pesa afuera de ella. Ahí entraría la gira: entre el 15 y el 18 de agosto estaría en Santa Fe —Rosario y la Sociedad Rural de San Justo—, después Neuquén de la mano de Nadia Márquez, sumando a los tramos que ya hizo por Mendoza y Chaco. Y definiría en el camino algo que hasta hace poco dejaba abierto: descartaría ser candidata en la Ciudad y apuntaría a un lugar en la fórmula nacional. Si iría a la cabeza o como vice todavía no estaría claro —ella misma lo dejó así en enero, cuando dijo que la decisión la toma “en un año y medio”— pero el rumbo ya no sería porteño, sería nacional.
El argumento de fondo lo repetirían en su entorno como mantra: de los 55 puntos que le permitieron a Milei ganarle a Massa en 2023, entre 20 y 25 serían de ella. No sería solo un dato para las encuestas. Sería el seguro que Bullrich estaría cobrándose por anticipado, mientras puede.
Lo que no cierra
Ahí quedaría la tensión que la nota no resuelve por ella: si Bullrich tendría tanto peso propio, ¿por qué la Rosada podría recortarle poder real en el Senado sin que le cueste nada? Podría ser que el peso electoral y el peso institucional corran por carriles distintos —y que 2027 sea, para ella, la forma de cobrarse en un terreno donde hoy no la podrían tocar.