Axel Kicillof: el gobernador que mide, pero todavía no ordena

Falta exactamente un año para las PASO. Y el partido que durante décadas fue una máquina de ganar elecciones hoy se parece mucho más a un campo de batalla que a una fuerza política ordenada.

Cada sector empuja a los suyos, cada tribu defiende a su jefe y nadie parece dispuesto a ceder un centímetro.

El gobernador bonaerense es, por lejos, el dirigente opositor con mejores números. Una reciente encuesta de Casa Tres lo ubica como el principal referente de la oposición con un 34%, bastante por encima del 19% de Cristina Fernández de Kirchner. Otro dato también merece atención: cuando asumió la gobernación apenas rozaba el 6% de imagen positiva. Hoy, según Opina Argentina, alcanza el 44%. Son números que cualquier candidato quisiera tener.

Pero el principal problema de Kicillof no está en las encuestas. Está dentro de su propia casa.

Creó el Movimiento Derecho al Futuro, empezó a recorrer el país y hasta mantuvo reuniones con dirigentes de otros espacios, incluido el gobernador radical de Corrientes. La estrategia parece clara: construir volumen político antes de que llegue la hora de las candidaturas.

Del otro lado, La Cámpora no le perdona esa autonomía. En privado lo califican de traidor. Lo comparan con Augusto Vandor. Y dentro del peronismo esa comparación tiene un peso político imposible de ignorar.

Cristina Fernández de Kirchner: la dirigente que sigue marcando el ritmo

Para La Cámpora no existe un plan alternativo.

“Cristina es la más capacitada”, volvió a decir Máximo Kirchner durante un acto en Carmen de Areco. El núcleo duro del kirchnerismo insiste en sostener su liderazgo aun cuando su situación judicial hoy le impide competir electoralmente.

Hay otro dato político que no es menor. Desde que el 17 de junio comenzó a cumplir prisión domiciliaria, el kirchnerismo convirtió esa situación en una bandera política. La estrategia apunta a instalar el debate sobre su libertad y sostener que debe poder competir en las elecciones de 2027 para que sea la voluntad popular la que decida.

La discusión, entonces, ya no pasa solamente por la viabilidad jurídica o electoral. Pasa por entender si ese sector del peronismo busca construir una candidatura o volver a levantar una épica.

Sergio Massa: el fantasma que nunca termina de irse

No hace actos. No habla demasiado. Pero cada vez que el peronismo empieza a discutir el futuro, su nombre vuelve a aparecer.

Las encuestas hoy lo ubican alrededor del 2% de intención de voto. Muy lejos de cualquier escenario competitivo. Sin embargo, dentro del PJ muchos siguen reconociéndole una virtud que pocos conservan: la capacidad de sentar en la misma mesa a dirigentes que hace años dejaron de hablarse.

El problema es que ya lo intentó en 2023. Y no alcanzó.

Sergio Uñac: el interior también quiere jugar

Mientras la mayoría especula, el senador sanjuanino eligió otro camino.

Dijo sin rodeos que quiere ser candidato.

Su discurso apunta a un peronismo con mayor protagonismo del interior, una agenda económica moderada, equilibrio fiscal e inflación bajo control. No responde al kirchnerismo ni al armado de Kicillof.

En un espacio donde abundan las desconfianzas, presentarse como una alternativa distinta puede terminar siendo un activo.

Grabois, Wado y Quintela: los otros nombres de la pelea

Juan Grabois quiere volver a competir después de las PASO de 2023.

Wado de Pedro mantiene un perfil más reservado y, desde su entorno, aseguran que todavía no es tiempo de hablar de candidaturas.

Ricardo Quintela tampoco descarta sumarse a la discusión.

Todavía falta un año. En política, eso es una eternidad.

Una interna a puro cachetazo

Dentro del peronismo casi nadie discute que habrá PASO.

Carlos Bianco aseguró que es “el mejor sistema posible” para definir la candidatura presidencial.

Desde La Cámpora coinciden. Incluso consideran saludable que haya varios postulantes.

El problema aparece después.

Una primaria puede ordenar una elección. No necesariamente ordena un liderazgo.

Mientras algunos hablan de unidad, otros ya dejan en claro que no piensan bajarse por nadie.

Y el peronismo federal, reunido hace pocos días en Parque Norte, eligió una posición mucho más prudente: no impulsar, por ahora, a ningún candidato.

Traducido al lenguaje político, significa esperar para ver quién llega con más fuerza.

La pregunta que sigue sin respuesta

¿Puede el peronismo volver a ganar la Presidencia en 2027?

Las encuestas muestran que sigue siendo competitivo.

También muestran que dividido pierde buena parte de esa fortaleza.

Kicillof tiene los números.

Cristina conserva la mística.

Massa mantiene los puentes.

Uñac intenta expresar al interior.

Todos creen tener la llave para reconstruir al peronismo.

El problema es que ninguno parece dispuesto a entregársela al otro.

El peronismo no está buscando solamente un candidato.

Está buscando un salvador.

Y mientras espera que aparezca, sigue librando una guerra contra sí mismo.

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