Mientras el peronismo bonaerense sigue discutiendo su conducción, un grupo de intendentes empezó a construir poder desde otro lugar: el territorio.

La Liga de Intendentes reúne hoy a doce jefes comunales: Federico Achával (Pilar), Federico Otermín (Lomas de Zamora), Gastón Granados (Ezeiza), Nicolás Mantegazza (San Vicente), Gustavo Menéndez (Merlo), Mariel Fernández (Moreno), Federico Susbielles (Bahía Blanca), Marisa Fassi (Cañuelas), Juan de Jesús (La Costa), Juan Pablo García (Dolores), Hernán Arranz (Monte Hermoso) y Esteban “Tito” Sanzio (Baradero). Entre todos gobiernan distritos que concentran casi el 20% de la población bonaerense.

No es solamente volumen demográfico. Hay Conurbano, interior, costa y ciudades con peso productivo. Son intendentes que administran presupuestos, estructuras políticas y territorios propios. Una radiografía publicada en marzo, cuando el armado todavía era más chico, contabilizaba más de 660 mil votos en 2025 sólo entre diez de esos distritos.

Pero quizás lo más interesante de la Liga sea lo que no tiene: un jefe político único.

No responde orgánicamente a Axel Kicillof, ni a Máximo Kirchner, ni a Sergio Massa. Sus integrantes tienen historias y cercanías diferentes dentro del peronismo. La Liga, de hecho, viene reuniéndose con todos: Kicillof, Máximo, Massa, José Mayans y Ricardo Quintela.

Ahí aparece la clave de la construcción.

Mientras arriba se pelean por quién conduce, los intendentes entendieron una regla bastante más elemental de la rosca: separados son doce intendentes; juntos son un bloque de poder.

No necesitan resolver primero la interna nacional ni alinearse detrás de un padrino. Pueden sentarse con todos porque detrás de cada uno hay votos, gestión y territorio. Y juntos empiezan a tener volumen suficiente para exigir un lugar en la mesa donde se discuta el peronismo bonaerense de 2027.

El que mejor puso en palabras esa estrategia fue Federico Achával. El intendente de Pilar definió a la Liga como un espacio para “tender puentes” entre las distintas líneas del peronismo y dejó planteada la discusión que viene:

“Creemos que es tiempo de que un intendente tenga la posibilidad de ser gobernador”.

La frase va bastante más allá de una candidatura.

La Liga parece haber entendido que, si logra mantenerse unida, no necesariamente necesita tener hoy un jefe: necesita tener volumen. Después podrá discutir quién lo representa.

En un peronismo fragmentado, ésa puede terminar siendo su principal fortaleza.

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