
Buenos Aires, 20 de julio de 2026.
Conviene empezar por lo que corresponde. Messi sigue siendo el capitán de la Selección Argentina. No hay comunicado de la AFA, no hay fecha de despedida, no hay anuncio. En las horas posteriores a la caída ante España circularon frases atribuidas al rosarino sobre su futuro que después fueron desmentidas por los propios medios argentinos. La decisión es exclusivamente suya, y nadie —ni el cuerpo técnico, ni la dirigencia, ni el plantel— está apurando el trámite.
Lo que sí existe es una conversación popular. Y en esa conversación, el apellido que aparece no es el de un candidato: es el de un compañero.

El tipo que llegó prometiendo ayudarlo
La historia de Emiliano Martínez con la Selección empieza con una promesa. El pibe de Mar del Plata que miraba las atajadas de Goycochea en un video casero llegó al arco albiceleste en 2021 diciendo que su sueño era ayudar a Messi a conseguir lo que le faltaba. Después vino todo: la Copa América en el Maracaná, la Finalissima, los penales, la tapada a Kolo Muani en el minuto 121 en Qatar.
Esa tapada es la clave para entender por qué el hincha lo pone en ese lugar. No fue una jugada de lucimiento personal. Fue el cumplimiento de un pacto: trabajar para el diez también significaba aparecer cuando el diez ya no podía hacer nada.
En el peor partido de Argentina en todo el Mundial 2026 volvió a hacer lo mismo. Con Cristian Romero y Lisandro Martínez afuera por lesión y el equipo con diez tras la expulsión de Enzo Fernández, el Dibu sostuvo la ilusión con cerca de nueve atajadas ante el mejor seleccionado del torneo. Recién a los 106 minutos, tras un centro que bajó Nico Williams, Ferran Torres pudo vencerlo. La Copa se fue a España, pero la última imagen argentina en pie fue la del uno.
Hoy está en el podio histórico de arqueros con más presencias en la Albiceleste, detrás de Chiquito Romero. Y lo que la gente le reconoce no son las estadísticas: es la manera. La voz, el liderazgo hacia los más chicos, la relación directa con la tribuna.
Una conversación que todavía no tiene dueño
Nada de esto está resuelto, y es honesto decirlo.
Primero, porque la cinta en la Selección no la elige el vestuario ni la elige el hincha: la elige el entrenador. Y Lionel Scaloni tampoco confirmó su continuidad después de la final. Cualquier discusión sobre liderazgos futuros arranca por ahí.
Segundo, porque hay una costumbre larga en la Albiceleste: el capitán suele ser un jugador de campo, alguien que camina el partido, que ordena desde adentro y no desde los últimos treinta metros. No es un reglamento, es una tradición, y las tradiciones a veces se rompen. Pero pesan.
Y tercero, porque el plantel tiene otros referentes con recorrido de sobra. Cristian Romero, Rodrigo De Paul, Lautaro Martínez, Julián Álvarez, Nicolás Tagliafico. Cada uno representa un modo distinto de conducir un grupo. Ninguno se postuló. Ninguno lo haría hoy.
lo que en realidad se está diciendo
Cuando el hincha dice “el Dibu”, no está pidiendo que Messi se vaya. Está diciendo otra cosa, y es más lindo: que quiere que lo que construyó esta generación no se termine el día que se termine Messi. Que alguien siga cuidando eso.
Que el nombre elegido sea el del arquero que se hizo grande poniendo el cuerpo para que el diez llegara a la gloria no es una casualidad. Es, en todo caso, la forma más argentina de decir gracias.
La cinta, mientras tanto, sigue donde tiene que estar. En el brazo izquierdo de Lionel Messi, y por el tiempo que él quiera.

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