5 de julio de 2026
Hay una imagen que sirve de espejo para este momento del PRO: alguien que se cubre los ojos con la mano para mirar más lejos, tratando de distinguir qué hay del otro lado de la línea que separa el presente del año que viene. Así está Mauricio Macri con la Ciudad de Buenos Aires. La sostiene desde hace casi veinte años, la conoce mejor que a ningún otro territorio, y sabe que si la pierde en 2027 no solo pierde un distrito: pierde el último bastión que le queda para seguir siendo el que reparte las cartas en la política argentina.
No es una metáfora menor. Mientras recorre el país con su tour “Próximo Paso”, mientras mide fuerzas con Javier Milei y exige encuestas más favorables antes de definir su propio futuro presidencial, hay una discusión que Macri no delega en nadie: quién cuida la Ciudad cuando él ya no esté ahí para hacerlo personalmente. Esa pregunta, que hace un año sonaba prematura, hoy ordena buena parte de la interna amarilla.
El desafío que no se puede tercerizar
En el macrismo lo dicen sin vueltas: la Ciudad no se negocia. Puede haber gestos hacia La Libertad Avanza en otros tableros, puede haber colectoras, confluencias, gestos de buena letra con Milei de cara a 2027. Pero Uspallata es la caja fuerte del PRO y ahí no entra cualquiera. El problema es que, por primera vez en mucho tiempo, el nombre que estaba puesto sobre la mesa —el del propio jefe de Gobierno— no cierra la discusión. Todo lo contrario: la abrió, y la abrió justo cuando el partido necesita mostrar unidad de cara al peronismo porteño, que también empieza a moverse en dos direcciones distintas, y frente a una Libertad Avanza local debilitada por el affaire Adorni pero lejos de resignarse.

Jorge macri, el candidato que nadie discute pero tampoco nadie se sobre emociona.
Jorge Macri ya blanqueó que quiere la reelección. Lo dijo en varias entrevistas, con la tranquilidad de quien administra sin sobresaltos: seguridad, subte, orden, la ley contra los trapitos como bandera. Pero en el entorno de su primo la lectura es más fría que calurosa. Ratificarlo no es lo mismo que entusiasmarse con él. Puertas adentro reconocen que su gestión es prolija, aunque no despierta el fervor necesario para blindar la Ciudad frente a un escenario cada vez más fragmentado. Jorge tiene el escritorio, tiene la gestión y tiene el aparato. Lo que no tiene, todavía, es la bendición entusiasta de la persona que realmente decide.
Como ya contamos en Pilar Ramírez en alerta: el PRO se reagrupa en la Ciudad, el oficialismo porteño ratificó a Jorge como candidato, pero esa ratificación llegó más como necesidad de ordenar el tablero de cara a 2027 que como plebiscito de entusiasmo genuino. Ratificar no es lo mismo que elegir.

De andreis, el que subió el perfil pero no tiene votos propios
El otro nombre que circula es el de Fernando De Andreis, hombre de máxima confianza del expresidente y pieza clave del armado partidario nacional. Subió su exposición pública en los últimos meses de manera notoria, algo que en la city no pasó inadvertido y que algunos leen como un globo de ensayo. El problema es estructural: De Andreis es un armador, no un candidato con base electoral propia en la Ciudad. Es el tipo de perfil que funciona mejor detrás del escritorio de la mesa chica que arriba de una boleta expuesta al humor social. Tal como quedó plasmado en LOS CUATRO JINETES DEL PRO, Macri lo eligió para conducir la estrategia nacional del partido, no necesariamente para representarlo en una elección ejecutiva donde la gestión territorial pesa más que la lealtad partidaria.

Dietrich, el nombre que crece sin hacer ruido
Y después está Guillermo Dietrich. El ex ministro de Transporte no anda pidiendo micrófono ni instalándose en los programas de streaming a instalar candidatura. Pero justamente ahí está su fuerza: no genera anticuerpos. Gestionó una de las áreas más sensibles y más expuestas del macrismo original —el transporte porteño, con toda la conflictividad gremial y mediática que eso implica— y salió de esa gestión sin heridas visibles ni escándalos que lo persigan. Tiene el mismo track record de gestión que exhibe Jorge, pero sin el desgaste acumulado de dos años y medio administrando la Ciudad en medio del ajuste nacional. Tiene, además, la cercanía con el círculo empresario que hoy empuja a Mauricio a volver a competir, sin cargar con la etiqueta de “el primo” ni con la de “el armador de siempre”. Es, en el fondo, la síntesis de lo que les falta a los otros dos: gestión probada sin fatiga política, y un perfil bajo que todavía no despertó ninguna resistencia interna.
La pregunta que hoy circula en el búnker amarillo no es si Dietrich quiere. Es si el resto del PRO está dispuesto a mirar más allá de los nombres obvios antes de que sea demasiado tarde para construir, desde cero, una candidatura que hoy aparece como la más difícil de resistir.
Como veníamos anticipando en En el PRO circula una certeza, Mauricio no delega la decisión final en nadie. La sigue mirando de cerca, con la misma cautela con la que mira todo lo que todavía puede perder. Y en esa mirada, cada vez más gente del propio PRO empieza a incluir un nombre que hasta hace poco no estaba en ninguna lista.
Dietrich sería una buena propuesta presidenciable . Va a entrevistas como empresario, nunca habla de política pero deja trascender su afán de ir hacia el progreso . Por supuesto ofrece un respeto por las instituciones que constituiría un gran valor para enfrentar a Milei . Convocaría a la gran cantidad de gente harta de este gobierno de confrontación ,que no respeta las leyes que hasta la corte le exige concretar . La imagen de Dietrich sería garantía de una buena gestión , acompañada de un grupo de economistas ,sociólogos ,politólogos ,etc . El modelo de país al que nos conduce milei asusta , está rompiendo todo lo mejor de este país , incluyendo el capital humano pm