De Infobae a la Rosada: el operativo Hadad para 2027

No se anotó, pero ya lo anotaron. Hadad, los premios, las cenas y un hilo que llega hasta Washington: la candidatura que se construye sin que nadie ponga la firma.

Hay candidaturas que se anuncian con un acto en un estadio y otras que se cocinan a fuego lento, sin que nadie ponga la firma. La del dueño de Infobae es, por ahora, del segundo tipo. En las últimas semanas, el nombre de Daniel Hadad dejó de ser un run-run de café para instalarse en la conversación política seria: ¿puede el fundador del portal en español más leído del mundo terminar siendo candidato a presidente en 2027?

El detonante público lo puso Viviana Canosa. La conductora contó al aire que, tras recibir información que ubicaba a Hadad como presidenciable, lo llamó para preguntarle de frente. La respuesta que ella reconstruye es la que vale: el empresario le habría dicho que tiene “seis meses para pensarlo” y que en ese plazo va a tomar una decisión. Canosa lo tradujo con la chicana de manual: “No me dijo que sí, pero tampoco me dijo que no”. En la rosca, ese silencio elegante no se lee como un no.

La pista material apareció a fines de abril, cuando la Universidad Nacional de La Matanza le entregó su doctorado Honoris Causa. Más que el diploma, lo que llamó la atención fue la foto de familia: en un mismo salón convivieron Sergio Massa, la ministra Sandra Pettovello y el diputado Luis Petri; los jueces de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti y Ariel Lijo; el sindicalista Víctor Santa María; el presidente de la Sociedad Rural, Nicolás Pino; los empresarios Jorge Brito y Mario Montoto; dirigentes como Cristian Ritondo, Martín Lousteau y Leandro Santoro; y hasta el subsecretario de Inteligencia, Diego Kravetz. La grieta, por una noche, se diluyó. Hadad lo leyó en voz alta desde el atril: “El mundo entero está tan dividido, es muy lindo ver tantas caras presentes que piensan distinto. Ojalá que podamos, desde este lugar lejano y protegido que es el sur del mundo, hacer ese cambio”. En la política local, los doctorados y las distinciones académicas suelen ser el primer ladrillo simbólico de una construcción más ambiciosa —antes que él, la UNLaM había distinguido a Lorenzetti, a Lula da Silva y a Martín Redrado—.

El armado tiene un piso ideológico claro y un costado internacional que es el que más intriga a los que miran el tablero de arriba. La hipótesis Hadad se presenta como la de una figura de gestión, unidad y eficiencia profesional frente a la polarización extrema —un perfil pensado tanto para el votante cansado de la grieta como para Washington—. Ahí aparece Leonardo Scatturice, CEO de la multilatina OCP Tech, lobbista conservador con base entre Panamá y Estados Unidos, señalado como uno de los puentes del Gobierno con el trumpismo y con vínculos de larga data con el entorno de Hadad. El propio editor alimentó la lectura geopolítica en diciembre, cuando anticipó “gestiones muy silenciosas” impulsadas por Estados Unidos sobre Malvinas de cara a 2027 y pronosticó que, si se concretan, serían “un shock muy fuerte”.

Hadad, por su parte, juega a despegarse. Se define a sí mismo como un outsider —”no me siento parte del círculo rojo”, repite— y ya en 2024 había dejado caer una frase que hoy suena profética: “el próximo candidato a presidente va a salir de las redes sociales”. Cuando Luis Novaresio le preguntó sin vueltas si quería el sillón de Rivadavia, esquivó. Al mismo tiempo, le marcó la cancha al oficialismo: cuestionó el vínculo de Milei con la prensa y deslizó que el Presidente tiene funcionarios que “no están a la altura”. Es, exactamente, el lugar desde donde se construye un recambio sin romper.

Conviene el matiz: nada de esto es una candidatura formal. Hadad no se anotó, no lanzó plataforma ni armó estructura territorial, y buena parte del relato más picante —las redes de inteligencia, los vínculos con la SIDE, el yerno con pasado policial— pertenece al terreno de la investigación periodística y la sospecha, no de los hechos probados. La historia argentina, además, está llena de empresarios a los que el círculo rojo quiso convertir en presidenciables y que nunca dieron el paso, de Marcos Galperin para atrás.

Pero el dato político relevante no es la confirmación, que no existe. Es que el nombre circule, que los gestos se acumulen y que un ecosistema —streams, premios, columnas, cenas y una foto donde el peronismo, los libertarios, la Corte y la Sociedad Rural sonríen juntos— lo empuje en una misma dirección. En la rosca, cuando tanta gente distinta empieza a hablar de lo mismo al mismo tiempo, rara vez es casualidad. Faltan seis meses, dijo él. La cuenta regresiva ya empezó.

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