
El sábado por la tarde, cuando la atención pública ya estaba puesta en el partido del lunes, el Gobierno nacional confirmó la salida de Javier Lanari de la Secretaría de Comunicación y Prensa. No se trata de un funcionario cualquiera: durante toda la gestión fue una de las figuras más cercanas al esquema comunicacional encabezado por Manuel Adorni.
La decisión llegó en un momento político sensible. Apenas días antes, Adorni había dejado su rol como vocero presidencial para asumir nuevas responsabilidades dentro de la estructura gubernamental. Y ahora, casi de inmediato, se produce la salida de quien era considerado uno de los principales articuladores de la estrategia comunicacional oficial.
Casualidad? Puede ser. Movimiento calculado? También.
Lo cierto es que el momento elegido no pasó inadvertido. Un sábado, con la agenda política entrando en modo fin de semana y con la expectativa deportiva ocupando buena parte de la conversación pública. El domingo transcurrió entre análisis futboleros y la previa del encuentro. Y este lunes, con la atención puesta en la Selección, la noticia perdió centralidad mediática.
La política suele manejar otros tiempos. A veces las decisiones más importantes no se anuncian cuando todos miran, sino precisamente cuando nadie está mirando.
Por eso la salida de Lanari abre interrogantes. Se trata simplemente de una reorganización interna? Es el cierre de una etapa dentro del esquema comunicacional del Gobierno? O es el anticipo de movimientos más profundos?
Las próximas horas podrían dar algunas respuestas. Porque más allá de los nombres propios, lo que está en discusión es cómo el oficialismo administra una etapa de creciente tensión política y parlamentaria.
El sábado movieron una ficha. El lunes la pelota ayudó a correr el foco. Ahora habrá que ver si el movimiento fue suficiente o si todavía quedan jugadas por revelar.
Fernando López Duhour
22 de junio de 2026