Santilli volvió al PRO PBA — y no fue a tomar mate

Dicen que fue a poner paños fríos entre los intendentes y LLA. La realidad es otra: el Colorado fue a mostrar con qué cuenta en la provincia

La versión oficial fue prolija: reunión de gestión, reclamos de obras, tensión con concejales libertarios en los municipios. El relato que salió a circular desde el propio PRO habló de “paños fríos” y “articulación con Nación”. Todo muy institucional.

Pero Santilli no cruzó San Telmo a las cinco de la tarde para escuchar quejas de Zárate y Campana. Fue a mostrarle a Karina Milei y a Sebastián Pareja algo que ningún comunicado puede decir más claro: trece intendentes sentados a su lado en el cuarto piso de Balcarce.

Sin esa foto, el Colorado llega a la negociación por 2027 como un ministro nacional más. Con esa foto, llega como el único que puede garantizar que el PRO bonaerense no se vaya por las suyas. Esa diferencia vale una gobernación.

En la superficie, los intendentes fueron a facturar. Obras paralizadas, deudas con Nación, concejales libertarios que traban presupuestos y aumentos de tasas. “Hoy los concejales que entraron por las listas de nuestros intendentes son más opositores que los peronistas”, disparó uno de los asistentes. Santilli tomó nota y se comprometió a trabajar municipio por municipio.

Pero debajo de esa agenda de gestión corría otra conversación. La que nadie grabó y todos entendieron: el PRO bonaerense tiene territorio, tiene intendentes y tiene votos legislativos. Y está dispuesto a usarlos — o a no usarlos.

La reunión del 5 de mayo fue la primera vez que Santilli pisó una mesa política del PRO desde que asumió en el gabinete libertario. No estuvo en Parque Norte en marzo. No estuvo en la cena de la Fundación Pensar en abril. Ambos convocados por Macri. Su ausencia en esos actos y su aparición en este habla sola: el Colorado maneja sus propios tiempos.

Los intendentes no quieren repetir el 2025. Ese año, LLA intentó imponer su correlación de fuerzas en el armado de listas y fracturó la alianza en varios distritos. Esta vez la condición es clara: la negociación electoral va distrito por distrito — o no hay acuerdo.

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