
Ernesto Sanz retomó el rol que mejor le sale: el de armador silencioso que trabaja por afuera de la estructura formal. El ex senador mendocino viene impulsando reuniones paralelas a la conducción oficial de la UCR para empezar a trazar una alternativa opositora de cara a 2027.
El diagnóstico que circula en esas conversaciones es duro: el radicalismo tiene poder territorial —cinco gobernadores, más de quinientos intendentes, peso legislativo— pero perdió centralidad en el esquema nacional que hoy dominan Milei y el peronismo como antagónico.
Sanz busca reagrupar a los radicales que rechazan el alineamiento con La Libertad Avanza y sumar dirigentes del PRO incómodos con la pérdida de autonomía de su partido. Aparecen también conversaciones con la Coalición Cívica de Elisa Carrió y sectores del socialismo. El modelo que observan está en Santa Fe: la coalición de Maximiliano Pullaro como prueba de que radicales, PRO y socialismo pueden sostener una alianza con volumen electoral y territorial.
En el fondo late una discusión más profunda: quién reconstruye el espacio opositor no peronista después del derrumbe de Juntos por el Cambio. Hay quienes creen que integrarse a Milei termina licuando al radicalismo. Y hay quienes empujan por la sed del poder momentáneo. Por ahora no hay candidato ni estructura. Pero sí empezó la conversación.
Excelente