Buenos Aires, 30 de julio de 2026.
Patricia Bullrich volvió a coquetear con la Ciudad. En una entrevista televisiva, la senadora nacional de La Libertad Avanza aseguró que no piensa en su futuro a corto plazo, pero se negó a descartar una postulación para suceder a Jorge Macri: “Yo puedo ser candidata y me tengo una fe bárbara”. Y como para que no quedaran dudas de que la puerta queda abierta, agregó: “Donde yo haga falta, voy a estar”.
La frase, así suelta, parece una expresión de deseo. Leída en clave rosca, es otra cosa: una operación de reposicionamiento en el bastión histórico del macrismo, ejecutada con la precisión de quien sabe que en política los globos de ensayo no se tiran al aire por casualidad.
El “DT” como red de seguridad
Bullrich no se lanzó. Y no se lanzó a propósito. Como ya había hecho antes de las legislativas de 2025, se colgó de la fórmula que la mantiene disponible sin quemarse: “hay un DT y es el presidente”, dijo, en referencia a que solo jugaría si Javier Milei se lo pide.
Es la jugada perfecta para alguien que dejó el Ministerio de Seguridad para sentarse en el Senado y todavía busca su lugar en el nuevo tablero libertario. Se mantiene en la conversación, obliga a que todos hablen de ella y, si el escenario no cierra, siempre puede decir que nunca se anotó. Subordinación al Presidente y ambición propia, en la misma frase. Manual de supervivencia libertaria.
El dardo a Jorge Macri
Lo más filoso no fue la candidatura. Fue cómo la fundamentó. Bullrich planteó que “la ciudad hay que manejarla y cambiarla profundamente”, reconoció a regañadientes que Jorge Macri hizo “algunos cambios” y deslizó que a la gestión porteña le falta impronta libertaria. Traducción: el PRO administra, pero no transforma.
Y después, el golpe directo. Consultada por su experiencia, respondió que está “probada en gestiones complejas” y que “la Ciudad no es tan compleja como arreglar la seguridad de un país”. En una sola oración le bajó el precio a la Jefatura de Gobierno y se puso por encima del hombre que la ejerce.
El remate llegó con formato de chicana: “No quiero competir con Jorge Macri sobre quién sacó los piquetes, pero es evidente quién sacó los piquetes”. Un “no quiero competir” que es, exactamente, competir. Bullrich se atribuye desde Nación un mérito que el jefe de Gobierno reclama como propio, y de paso lo deja en el lugar del administrador que ordena lo que otros resolvieron.
A dónde apunta la jugada
Acá está el fondo del asunto. Bullrich no está midiendo si quiere ser jefa de Gobierno. Está poniendo sobre la mesa quién manda en la conversación por CABA de cara a 2027. Y el mensaje, hacia adentro del PRO, es inequívoco: el que ordena la coalición ahora es LLA.
No es casual que en la misma entrevista haya insistido en que “hay que hacer un acuerdo con el PRO, el radicalismo y con ciertos partidos”, con una condición que suena a oferta envenenada: que la fuerza que hoy gobierna un territorio se mantenga al frente. Es la fórmula de la absorción amable. LLA arriba, el PRO adentro, Jorge Macri de figura decorativa si hace falta. “Puede ser en coalición, puede ser el mismo Jorge Macri con ministros que tengan esta idea”, concedió, antes de la estocada: “no es imposible que sea yo”.
La secuencia se entiende mejor en contexto. El armado 2027 ya arrancó: el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y el titular de Diputados, Martín Menem, ya se sentaron con la conducción del bloque PRO. Mauricio Macri, en paralelo, busca blindar tropa propia en el Congreso para no negociar de rodillas. Y en la Ciudad, desde LLA vienen midiendo fórmulas propias para disputar un distrito donde Jorge Macri quiere renovar.
En ese mapa, los dichos de Bullrich no son un desahogo de campaña. Son un movimiento de posiciones. La ex ministra sabe que el PRO porteño está en pleno proceso de descomposición y recomposición —los operadores que buscan quedarse con los restos ya empezaron a moverse— y se ofrece como la cara libertaria de una Ciudad que, dice, hay que “cambiar profundamente”.
¿Va a ser candidata? Probablemente no lo sepa ni ella. Pero mientras la respuesta dependa del “DT”, Bullrich se garantiza lo único que necesita en este tramo: que nadie arme la Ciudad sin contar con ella. La candidatura es la excusa. El poder de veto es el objetivo.
Genia total !