Máximo Kirchner parece decidido a terminar con el liderazgo porteño de Mariano Recalde, uno de los dirigentes que supo ganarse la confianza de Néstor. El avance de Paula Penacca coincide con una discusión más profunda: mientras el camporismo explora acercamientos a la izquierda, Juan Manuel Olmos negocia una alternativa política que podría incluir a Horacio Rodríguez Larreta.
Néstor Kirchner confió en Mariano Recalde cuando todavía era un joven abogado vinculado al mundo sindical. En 2009 lo puso al frente de Aerolíneas Argentinas y le dio una responsabilidad que terminó convirtiéndolo en una de las figuras del kirchnerismo. Diecisiete años después, su continuidad al frente del peronismo porteño parece depender de Máximo, que tiene otros planes para la Ciudad.
La primera señal apareció en septiembre, cuando una negociación de Recalde con Juan Manuel Olmos por cargos institucionales terminó frustrada por la intervención de Máximo Kirchner. Los legisladores camporistas no acompañaron la designación del fiscal general y el acuerdo se cayó. La disputa dejó expuesta una interna que hasta entonces se administraba con mayor discreción.
En ese escenario empezó a crecer el nombre de Paula Penacca, diputada nacional y secretaria política del PJ porteño, a quien Máximo buscaría fortalecer como alternativa a Recalde.
La discusión excede los cargos. En sectores de La Cámpora comenzó a tomar forma la idea de construir una identidad de centroizquierda menos vinculada a las estructuras tradicionales del peronismo. En esas conversaciones aparece Myriam Bregman, con quien legisladores camporistas compartieron algunas iniciativas parlamentarias.
No hay una alianza electoral confirmada y la propia Bregman ha rechazado públicamente un acuerdo con el PJ. Sin embargo, el acercamiento despierta interés en un sector del kirchnerismo que observa cómo se fragmenta el electorado progresista de la Ciudad.
La Marcha de la Bronca, realizada en septiembre en Plaza de Mayo, también alimentó conversaciones sobre posibles vínculos entre ambos espacios. Incluso circularon versiones sobre una colaboración del camporismo con actividades de la izquierda, aunque no existen elementos públicos que permitan confirmarlas.
Juan Manuel Olmos, mientras tanto, trabaja sobre un mapa político completamente distinto.
El histórico dirigente peronista participa de conversaciones con sectores del radicalismo y dirigentes cercanos a Horacio Rodríguez Larreta para construir una alternativa amplia en la Ciudad. Leandro Santoro también aparece en ese entramado de negociaciones.
Para Olmos, la salida pasa por ampliar las fronteras del PJ, aun cuando eso implique compartir una construcción con quienes hasta hace poco eran sus adversarios. Una estrategia que difícilmente pueda convivir con un camporismo decidido a profundizar su identidad kirchnerista y explorar acuerdos por izquierda.
Recalde conoce bien a ambos sectores. Durante años, su presidencia del PJ porteño permitió administrar esa convivencia y sostener acuerdos entre dirigentes que nunca terminaron de confiar unos en otros.
Pero su relación con Olmos, que antes era uno de sus principales activos políticos, podría convertirse ahora en una dificultad frente a Máximo. Y su pertenencia a La Cámpora tampoco le garantiza un lugar en el proyecto que comienza a imaginar Penacca.
Recalde podra ser quien termine de dividir el espacio o quien sepa sintetizar izquierdas y derechas en una tercera posicion.
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