En Avellaneda, el gobernador mostró estructura nacional, tendió una mano a Cristina y le marcó la cancha a La Cámpora. La candidatura ya no es un rumor de pasillo: es un hecho político.

Axel Kicillof ya es candidato, aunque el formato haya sido el de un plenario y no el de un acto de lanzamiento. Este sábado, en la UTN de Avellaneda, el gobernador bonaerense cerró la jornada del Movimiento Derecho al Futuro con una frase que no deja demasiado margen: “Cuenten conmigo” para ofrecer una alternativa en 2027.

La previa había sido un ejercicio de gestión de expectativas. En su entorno se insistía en que “no habría lanzamiento”, con el argumento de que nadie ignora sus intenciones. Terminó siendo, en los hechos, un lanzamiento con otro nombre. La militancia lo entendió así: el cántico de “Axel presidente” interrumpió el discurso todo el tiempo.

La escenografía importa. Escenario enorme, pantallas con la marca MDF, comisiones temáticas desde la mañana y un cierre con el gobernador como único orador, rodeado de dirigentes de todo el país. La organización habló de 30.000 personas; otros medios hablaron de más de 20.000. Aun con la cifra más conservadora, el mensaje de fondo es el mismo: Kicillof dejó de ser un fenómeno bonaerense.

Esa fue la novedad real del acto. Hasta ahora sus movidas habían estado apalancadas en la provincia. Esta vez llegaron delegaciones de Córdoba, Misiones, Chaco y Entre Ríos, además de más de 40 intendentes bonaerenses. La foto es de armado territorial, no de discurso.

Un peronismo que no alcanza. El pasaje más significativo fue una autocrítica hacia adentro: dijo que “con el peronismo solo no nos va a alcanzar” y pidió abrir la construcción a otros espacios. Es un giro de método. Kicillof no propone administrar el 100% del PJ, sino armar un frente más amplio que compita en el centro del tablero. Es el discurso de un candidato que piensa en balotaje.

El equilibrio con Cristina. Kicillof caminó sobre una cuerda floja. Dijo que Cristina Kirchner está injustamente presa y que se vivía mejor durante los gobiernos kirchneristas, y después no volvió a nombrarla. Esa mención le sirve para no cortar puentes con la base K, pero no reconoce liderazgo. Y en simultáneo lanzó dos advertencias en clave: que no le interesa una construcción “a control remoto” y que la nueva mayoría no saldrá de una negociación de cúpulas ni de una rosca a espaldas de la gente.

Las dos frases apuntan a La Cámpora y a Máximo Kirchner, que empujan la candidatura de Cristina pese a la condena que la inhabilita. Hay un dato que subraya la tensión: durante el viernes aparecieron carteles de “Axel presidente, Cristina libre” firmados por el MDF, que el entorno del gobernador negó haber puesto. Y días antes ya había habido un cruce entre ambos sectores en La Plata, en la previa de la marcha por la Noche de los Lápices.

La economía como eje. Buena parte del discurso fue una crítica al modelo de Milei. Kicillof planteó que no hay estabilidad si las familias no llegan a fin de mes ni orden si los hogares están endeudados. También sostuvo que el desafío de la oposición no es describir el sufrimiento, sino ofrecer una salida. Con eso intenta correrse del lugar de opositor que solo denuncia y ocupar el de alternativa de gobierno.

La red social, la coda. Horas después, en X, agradeció a los asistentes de todas las provincias y dijo que se respira “algo nuevo”. Cerró con la metáfora de las nuevas canciones, que se componen colectivamente y de abajo para arriba. El mensaje también es una respuesta a la interna: la conducción, dice, se construye desde la base y no se decreta.

Qué viene. Con la candidatura instalada, el gobernador ya no puede eludir dos definiciones. La primera es cómo se dirime la candidatura dentro del peronismo, y si habrá PASO o una negociación previa. La segunda es qué hará La Cámpora: si compite, si negocia o si sigue empujando a Cristina como candidata imposible. La respuesta a esa segunda pregunta va a decidir si 2027 llega con un peronismo unido detrás de Kicillof o con una fractura abierta.