Santilli le quita a caputo el enacom, arsat y el correo: la pulseada libertaria que decidió karina

Buenos Aires, 15 de julio de 2026. Hay decretos que se leen en el titular y otros que hay que […]

Buenos Aires, 15 de julio de 2026.

Hay decretos que se leen en el titular y otros que hay que leer en el margen. El 581/2026 pertenece a la segunda categoría. Salió el lunes por el Boletín Oficial, con la firma de Javier Milei y del jefe de Gabinete, Diego Santilli, en horas en que la conversación pública estaba tomada por la Selección y su boleto a las semifinales. Pero el papel administrativo escondía una definición de poder: la caja de las telecomunicaciones cambió de dueño dentro del oficialismo, y el que la perdió fue Santiago Caputo.

El reparto, en criollo. El Enacom —el ente que regula las telecomunicaciones, reparte licencias y administra el espectro radioeléctrico— deja de responder a la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología y pasa a colgar directamente de la Jefatura de Gabinete. Idéntico camino recorre la Agencia de Acceso a la Información Pública, encargada de los datos personales. Las dos joyas estatales del rubro, Arsat y el Correo Argentino, aterrizan en la vicejefatura de Gabinete del Interior que maneja Gustavo Coria, el hombre que sigue a Santilli como una sombra. Todo lo que hasta el domingo pasaba por el despacho de Darío Genua, alfil de Caputo, ahora pasa por el de Santilli.

Por qué esto es rosca y no trámite. En un gobierno tan presidencialista como el de Milei, el poder no se mide por el tamaño del cartel en la puerta del ministerio, sino por quién firma en los organismos que administran datos, obra, regulación y plata. Con esa vara, el 581 es una transferencia neta: Santilli —que se subió al ala de Karina Milei para llegar a la cima después de la salida de Manuel Adorni— se queda con un resorte que era del asesor presidencial. No es la primera incursión de la hermana del Presidente sobre el territorio de Caputo: antes había sido el turno del Ministerio de Justicia. Ahora le tocó a las comunicaciones.

La pieza más codiciada. Entre todo lo que se movió, el Enacom es la joya. En sus manos queda la definición sobre la fusión entre Telecom y Telefónica —las dos bajo el paraguas del Grupo Clarín—, una operación que Milei rechazó de plano y describió como un intento de abuso de posición dominante. Controlar ese organismo es tener una mano en el pulso permanente del Gobierno con el multimedios. A su lado, Arsat no es poca cosa: gestiona una red de 36.000 kilómetros de fibra óptica. Y el Correo, más allá de figurar en la fila de las privatizaciones, guarda una atribución sensible: es el que arma el operativo de las elecciones.

Dos relatos para un mismo decreto. En el entorno de Caputo desdramatizan y hablan de un “acuerdo”: como prueba, señalan que Genua conserva su cargo y que el interventor del Enacom sigue en funciones, con mandato hasta el 4 de enero. En otras oficinas de la Casa Rosada leen exactamente lo contrario: otro paso de Karina sobre la estructura del asesor. La tregua que Milei había tratado de imponer en las últimas semanas —con aquel abrazo a Caputo en el balcón como postal— quedó, cuanto menos, entre signos de pregunta. Por si hiciera falta subrayar de qué lado sopla el viento, el martes asumió el karinista Sebastián Pareja al frente de la Comisión Bicameral de Inteligencia.

El test que viene. Conviene no adelantarse: por ahora el decreto reordena casilleros, no despide funcionarios. La confirmación de fondo llegará en la letra chica de los próximos nombramientos. Si Santilli avanza y coloca gente propia en Arsat, el Enacom y el Correo, habrá convertido el organigrama en poder concreto. Si los caputistas resisten en sus sillas, el gesto habrá sido más simbólico que real. En un caso o en el otro, el 581 vuelve a dejar en evidencia lo mismo: la interna entre Karina Milei y Santiago Caputo no es telón de fondo. Es el guion que ordena la escena rumbo a 2027.

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