Milei se impone a kicillof 52 a 37 en un eventual ballotage

Hay encuestas que se leen en el número grande y encuestas que se leen en la letra chica. La última nacional de Isasi/Burdman —trabajo de campo entre el 19 y el 25 de junio— tiene las dos cosas, y conviene no quedarse con la primera.

8 de julio de 2026

El número grande es el que ya circula: en un eventual ballotage entre Javier Milei y Axel Kicillof, el Presidente se impone 52% a 37%, con un 11% que no sabe. Quince puntos de diferencia. En el mano a mano, Milei gana caminando.

La letra chica cuenta otra historia. Cuando la misma encuesta pregunta si el país está a favor o en contra de la reelección de Milei, el resultado es un empate seco: 44% a favor, 44% en contra, 12% sin definir. Y cuando pregunta por la imagen personal del Presidente, la negativa (44%) le gana a la positiva (42%): en el índice de positividad contra negatividad, Milei queda 49 a 51. La gestión corre por el mismo andarivel: 45% la aprueba, 48% la desaprueba.

Traducción sin anestesia: Milei no gana el ballotage porque la mayoría lo respalde. Gana porque enfrente no hay nadie que sume más rechazo que él. Es la vieja lógica del mal menor, que en la Argentina de la grieta paga.

La oposición existe, pero está partida

El dato que sostiene esa lectura está en la intención de voto por fuerza. La Libertad Avanza mide 40%, y atrás quedan Fuerza Patria y el PJ de Kicillof, Cristina y Massa con 23%. Después, el desierto: la alianza de radicalismos y peronismos provinciales 9%, el Frente de Izquierda 9%, otros 2%, y un contundente 17% que todavía no sabe.

Ese 40% contra 23% es la foto de por qué Milei gana los escenarios de suma cero. No es que convenza a todos: es que la oposición está repartida en pedazos que no se hablan entre sí. Y mientras el peronismo no resuelva su interna a cielo abierto entre Kicillof, Cristina y Massa, ese 23% es un techo, no un piso.

Kicillof, eso sí, ganó una pulseada: es el principal referente opositor con 35%, muy por encima de Cristina Kirchner (17%), Mauricio Macri (8%), Myriam Bregman (7%), Juan Grabois (4%) y Maximiliano Pullaro (3%). El gobernador bonaerense es hoy la cara de la oposición. El problema es que ser la cara de la oposición y ganar una elección nacional son dos cosas distintas: le alcanza para ordenar el peronismo, no para descontar quince puntos en un ballotage.

El modelo, en el filo

El termómetro más fino es la pregunta que le da nombre al informe: ¿consolidar o frenar el modelo de Milei? Ahí la encuesta muestra un país al borde del empate: 48% quiere consolidarlo, 44% quiere frenarlo, 8% no sabe. Cuatro puntos. Nada que permita hablar de consenso; todo lo que permite hablar de una sociedad clavada en la mitad.

Y hay un dato que debería encender una luz en cada gobernación, sea del color que sea. Consultados por las elecciones a gobernador de 2027, el 58% votaría por un cambio de la gestión de su distrito y apenas el 34% por la continuidad. El humor anti-statu quo no discrimina: golpea al oficialismo nacional en la reelección y golpea también a los oficialismos provinciales. En 2027 el que gestione va a tener que explicar por qué merece quedarse.

El regalo para la Casa Rosada

En medio de todos los empates, hay una pregunta donde Milei tiene mayoría cómoda, y no es casual que sea la que hoy está sobre la mesa del Congreso. Ante la eliminación de las PASO, el 65% se declara de acuerdo y solo el 25% en desacuerdo.

El dato aterriza justo cuando Diego Santilli negocia con los gobernadores la reforma electoral que suspende o elimina las primarias. Con dos de cada tres argentinos avalando la idea, la Casa Rosada tiene el permiso social que necesitaba para empujar la reforma como una demanda ciudadana y no como una maniobra de la casta. La política le teme a las PASO; la gente, según este número, no las extraña.

La rosca

El escenario que dibuja Isasi/Burdman es el de un oficialismo que gana todo lo que se define por comparación —el ballotage, la fuerza más votada, el liderazgo del tablero— y empata todo lo que se define por sí mismo: la reelección, la imagen, la gestión, el modelo. Milei manda mientras la pregunta sea “¿él o el otro?”. El día que la pregunta sea “¿él o nadie?”, el 44% en contra deja de ser un número y pasa a ser un problema.

De acá a 2027 el partido no se juega tanto en cuánto crece Milei, sino en si el peronismo consigue lo que hoy no tiene: un solo nombre. Porque quince puntos se descuentan. Pero no repartidos en cuatro pedazos.


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