El plan Caputo: euforia en los mercados, incertidumbre en la calle

El riesgo país cayendo a 408 puntos. Las acciones saltando hasta un 6%. Los bonos en alza. El Gobierno presentó su programa financiero y el mercado, fiel a su naturaleza, respondió con un aplauso que se escuchó en todos los portales económicos del mundo.

Pero un aplauso en la City no es sinónimo de una victoria en la vida real. Y mucho menos cuando el discurso oficial está cargado de promesas que atan el futuro económico a un escenario político que aún no existe.

El ministro Luis Caputo habló de números concretos. Dijo que para este año se necesitan 19.200 millones de dólares y que ya hay asegurados 22.900 millones. Que antes se pagaba 12,5% de interés y hoy se consigue financiamiento al 6%. Que el objetivo final es alcanzar el grado de inversión, aunque con una coletilla que no es menor: para el final de un segundo mandato de Milei.

Ahí está la primera gran alerta. Porque un plan económico serio no se construye sobre la base de una reelección que ni siquiera está en el menú de las certezas. Esa frase suena más a declaración política que a hoja de ruta financiera. Es el famoso “primero la campaña, después los números”, y los argentinos ya conocen esa película.

Lo bueno: reconocerle al mercado lo que el mercado festeja

No se puede negar que el Gobierno hizo los deberes en términos de comunicación. Mostró planillas, fechas, orígenes de fondos y destinos. Eso, en un país donde la improvisación fue moneda corriente durante décadas, es un respiro. El mercado necesitaba un ancla y se la dieron. La caída del riesgo país a niveles que no se veían desde 2018 no es un dato menor. Es la señal de que, al menos por ahora, los inversores compraron el relato.

Pero comprar el relato no es lo mismo que comprar el fondo.

Los riesgos que nadie menciona en los titulares

El plan tiene agujeros que, vistos con lupa, preocupan. Primero, una parte sustancial del financiamiento proviene de comprar divisas al Banco Central y de emitir bonos bajo ley local. Es decir, el Estado se está financiando con recursos del propio Estado. Eso no es un plan de crecimiento, es una bicicleta financiera con un motor que, en cualquier momento, puede quedarse sin nafta.

Segundo, el Gobierno presupuestó 800 millones de dólares por privatizaciones. Si esas ventas no se concretan —ya sea por trabas legislativas, por falta de inversores o por la propia complejidad de los activos—, ese hueco hay que llenarlo con algo. Y ese algo no apareció en el PowerPoint.

Tercero, y quizás lo más grave, es la dependencia del Fondo Monetario Internacional. El plan incluye desembolsos por 1.900 millones del organismo. Cualquier condición adicional que imponga el FMI puede desarmar todo el esquema. Y Argentina, en este punto, no está en condiciones de decir que no.

Cuarto: 2027 es año electoral. Los vencimientos de deuda en ese período ascienden a 23.300 millones de dólares. Por más colchón que se haya armado, la historia argentina demuestra que en año electoral los mercados se tensan, el dólar se dispara y la confianza se esfuma. Esa variable, la más política de todas, no se resuelve con un gráfico.

El gran verso: la deuda heredada y la salida a los mercados

Caputo insiste en que “salir a los mercados internacionales es una opción, no un objetivo”. Esa frase es, como mínimo, deshonesta. Argentina no sale a los mercados porque no puede hacerlo en condiciones razonables, no porque no quiera. Está castigada desde 2018 y su acceso al crédito voluntario es prácticamente nulo. Decir que es una opción es como afirmar que uno elige no ir a un restaurante cuando, en realidad, no tiene con qué pagar la cuenta.

Y el otro gran relato es el de la “deuda heredada”. Quienes recuerdan la gestión de Caputo durante el gobierno de Macri saben que el ministro de hoy fue parte activa del endeudamiento que ahora dice estar purgando. No se puede ser bombero y pirómano al mismo tiempo sin que la memoria colectiva lo señale.

Conclusión: un plan de papel, con riesgos de carne y hueso

El mercado se entusiasmó con la forma. Pero la sustancia sigue llena de interrogantes. El plan de Caputo es, por ahora, un castillo de naipes bien presentado: se sostiene mientras los vientos sean favorables, pero cualquier tormenta —una crisis política, un traspié en las privatizaciones, una exigencia del FMI o un simple escándalo mediático— puede derribarlo.

Los números cantan, pero el contexto político y social también tiene voz. Y esa voz, por ahora, no aparece en el comunicado de prensa del Ministerio de Economía.

El Gobierno tiene crédito en los mercados. La pregunta es si tendrá la capacidad de mantenerlo cuando la realidad, como siempre, termine imponiéndose sobre el relato.

Por Fernando López – Analista Político

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