Alem y Perón: por qué el 1° de julio pesa tanto en la historia política argentina

Alem y Perón murieron un 1° de julio, a 78 años de distancia. Repasamos por qué ambas muertes marcaron a fondo la política argentina.

Hay fechas que la política argentina no elige, pero que terminan explicando buena parte de su ADN. El 1° de julio es una de ellas: separadas por 78 años, murieron en ese mismo día dos de las figuras que más moldearon el sistema político nacional, cada uno desde una vereda distinta. Leandro N. Alem, en 1896, y Juan Domingo Perón, en 1974, no solo dejaron partidos: dejaron una forma de entender el poder que todavía condiciona el debate público.

Alem: el fundador que le puso nombre al radicalismo

Alem no gobernó nunca. Y sin embargo, pocas figuras del siglo XIX argentino tuvieron una influencia institucional tan duradera. Fue el líder de la Revolución del Parque de 1890, el levantamiento armado contra el fraude del régimen de Juárez Celman que, aunque militarmente derrotado, terminó forzando la renuncia presidencial y abrió la puerta a una nueva fuerza política: la Unión Cívica Radical, fundada por él en 1891.

Ese partido —que con el tiempo llevaría a Hipólito Yrigoyen, Marcelo T. de Alvear, Arturo Illia y Raúl Alfonsín a la Casa Rosada— nació de una idea muy simple que Alem repetía en sus discursos: sin voto limpio no hay república posible. La intransigencia frente al fraude electoral, la denuncia del clientelismo y la exigencia de honestidad administrativa fueron las banderas que definieron al radicalismo desde su origen, y que siguen siendo parte de su identidad más de un siglo después.

Alem se quitó la vida el 1° de julio de 1896, agobiado por conflictos internos del partido y por las diferencias cada vez más marcadas con su propio sobrino, Hipólito Yrigoyen. Dejó una carta que se convirtió en emblema: le pidió a sus correligionarios que no le tuvieran rencor y que hicieran de él “una bandera”. Esa frase terminó siendo, literalmente, el cimiento simbólico sobre el que se construyó buena parte de la mística radical del siglo XX.

Perón: la matriz que todavía organiza la grieta

Si Alem fundó un partido, Perón fundó un movimiento que reorganizó por completo el mapa político argentino. Tres veces presidente (1946-1952, 1952-1955 y 1973-1974), Perón construyó una identidad —el peronismo— que dejó de ser solo una fuerza electoral para convertirse en una categoría de análisis político que atraviesa hasta hoy a la Argentina, mucho más allá de sus fronteras partidarias originales.

Su legado combina la ampliación de derechos sociales y laborales con un estilo de liderazgo personalista que todavía divide aguas entre historiadores y dirigentes. Murió el 1° de julio de 1974 en la residencia de Olivos, en pleno ejercicio de su tercera presidencia, con 78 años. La multitud que acompañó su velatorio en el Congreso de la Nación fue una postal que anticipó lo que vendría después: un movimiento sin su fundador, obligado a redefinirse una y otra vez, tensión que explica en gran parte las fracturas internas que el peronismo sigue atravesando en pleno 2026.

Dos muertes, una misma pregunta

Alem y Perón representan dos tradiciones que, en apariencia, no podrían ser más distintas: el radicalismo de matriz republicana y legalista, y el peronismo de matriz movimientista y plebiscitaria. Pero ambos comparten algo central: ninguno de los dos dejó simplemente un partido. Dejaron una forma de nombrar el conflicto político argentino que todavía usamos —”la intransigencia”, “el movimiento”, “la lealtad”, “la interna”— y una pregunta que cada generación política vuelve a hacerse: qué se hace con un liderazgo fundacional una vez que el fundador ya no está.

Que ambas despedidas hayan ocurrido el mismo día del calendario es, en el fondo, una casualidad. Pero es una casualidad que invita a leer en paralelo dos historias que, juntas, explican gran parte de por qué la política argentina se organiza como se organiza.

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