El dólar que nunca fue libre: cepo, bandas y la apuesta de Milei rumbo a 2027

Desde octubre de 2011 hasta abril de 2025, los argentinos convivieron con restricciones cambiarias durante casi 14 años. Hoy el cepo no existe, pero el dólar tampoco flota libre. El FMI de por medio, elecciones en el horizonte y economistas que ya advierten sobre el riesgo de 2027.

El dólar no es solo una moneda en Argentina

En pocos países del mundo el tipo de cambio tiene tanto peso político, social y económico como en la Argentina. No es solo el precio al que se convierte el peso: es el termómetro de la confianza, el refugio del ahorro y el primer indicador con el que cualquier ciudadano mide si le va bien o mal al gobierno de turno.

Por eso, entender qué pasó con el dólar en los últimos años —y dónde estamos hoy— es entender buena parte de la historia política reciente del país. Y también, cada vez más, la del que viene.


¿Qué es el cepo cambiario?

“Cepo cambiario” es el término coloquial para describir las restricciones que impone el Estado sobre la compra y venta de divisas. En la práctica, significa que el ciudadano no puede acceder libremente al dólar al precio que fija el mercado: necesita cumplir requisitos, respetar límites mensuales y, muchas veces, pagar impuestos adicionales.

El concepto no es nuevo en la Argentina. El primer control de cambios data de 1931, bajo el gobierno de facto de Uriburu. Pero el cepo moderno —el que marcó a fuego a la economía contemporánea— nació el 31 de octubre de 2011.


La era K: el cepo que inventó el blue

Días después de reelegirse con el 54% de los votos, Cristina Fernández de Kirchner implementó el “Programa de Consultas de Operaciones Cambiarias”. En la práctica: para comprar dólares había que pedirle permiso a la AFIP.

La medida buscaba frenar una fuga de divisas que en ese momento alcanzaba los u$s 3.000 millones por mes. Lo logró en parte, pero tuvo un efecto colateral inevitable: nació el mercado paralelo, el dólar blue, donde la gente accedía al billete sin pasar por el sistema oficial.

Durante los cuatro años siguientes, el cepo se fue endureciendo progresivamente. En 2012 se eliminó la posibilidad de comprar dólares para ahorro. En 2013 aparecieron los recargos impositivos para consumos con tarjeta en el exterior —el embrión del “dólar tarjeta”. La brecha entre el oficial y el paralelo promedió el 40% durante ese período. El mercado inmobiliario colapsó porque las propiedades se valuaban en dólares que nadie podía comprar legalmente.

El cepo K se levantó el 17 de diciembre de 2015, a los pocos días de asumir Mauricio Macri. Por casi cuatro años, el dólar flotó con intervenciones del BCRA y la brecha cambiaria desapareció.


El regreso: Macri y el cepo que prometió no poner

Las elecciones PASO de agosto de 2019 cambiaron todo. La derrota de Macri generó un pánico cambiario inmediato: el dólar oficial saltó de undefineds 13.000 millones de reservas en semanas.

El 1° de septiembre de 2019, Macri reimplementó el cepo. La ironía política fue brutal: había ganado la elección de 2015 prometiendo eliminarlo. El límite inicial fue de us10.000mensualesporpersona,quealaspocassemanasseredujoaus10.000mensualesporpersona,quealaspocassemanasseredujoaus 200 —el número que definiría la economía argentina durante los siguientes seis años.

Alberto Fernández llegó al poder en diciembre de 2019 y profundizó el esquema. Sumó el Impuesto PAIS del 30% y una percepción adicional del 35% a cuenta de Ganancias. Con la pandemia de por medio, el cepo se transformó en un laberinto: dólar oficial, blue, MEP, contado con liquidación, tarjeta, solidario, turista, Qatar. La brecha llegó a superar el 100% en varios momentos. Acceder al dólar oficial se había convertido en una aventura burocrática. El mercado paralelo pasó a ser la referencia real de precios para buena parte de la economía.


Milei: el fin del cepo y la mano del FMI

Javier Milei llegó a la presidencia en diciembre de 2023 llamando al cepo “una aberración que nunca debería haber existido”. No lo levantó de inmediato. Primero necesitaba reservas. Y para tener reservas, necesitaba al FMI.

La historia detrás del anuncio del 11 de abril de 2025 es tan importante como el anuncio mismo. El Gobierno venía acumulando presión: las reservas netas eran negativas en casi u$s 4.000 millones, el escándalo de la criptomoneda $LIBRA había sacudido la imagen presidencial, y el contexto internacional se complicaba con la volatilidad generada por las políticas de Trump. Caputo necesitaba un golpe de efecto antes de que la situación se deteriorara más.

El FMI cerró un nuevo programa de us20.000millonesineˊditoporque,seguˊnMilei,eralaprimeravezqueelFondorespaldabaunplaneconoˊmicoqueyahabıˊarendidofrutosynounaeconomıˊaencrisis.Losprimerosus20.000millones—ineˊditoporque,seguˊnMilei,eralaprimeravezqueelFondorespaldabaunplaneconoˊmicoque”yahabıˊarendidofrutos”ynounaeconomıˊaencrisis.Losprimerosus 12.000 millones fueron entregados por el organismo el 15 de abril. Ese colchón fue la condición de posibilidad para levantar el cepo.

El 14 de abril de 2025, Caputo anunció el fin de las restricciones para personas físicas y jurídicas, eliminando el tope mensual de u$s 200 que había regido desde 2019.


Cómo funciona la banda: el cepo sin cepo

Lo que el Gobierno implementó en reemplazo del cepo es un régimen de flotación administrada dentro de bandas: el dólar se mueve por oferta y demanda, pero solo dentro de un corredor fijado por el Banco Central.

El esquema arrancó con un piso de $1.000 y un techo de $1.400. Si el dólar toca el techo, el BCRA vende reservas para frenarlo. Si toca el piso, compra para acumular. La diferencia conceptual con el cepo es real: ya no hay restricciones al acceso, sino un marco dentro del cual el precio puede moverse.

Desde enero de 2026, las bandas se actualizan mensualmente según el último dato de inflación del INDEC, con rezago de dos meses. Con una inflación de abril del 2,6%, el techo de la banda para fines de junio ronda los $1.806.


Dónde estamos hoy

Los números del esquema actual son, en términos históricos argentinos, notables.

El dólar oficial minorista cotiza en torno a los $1.495 en el Banco Nación. El blue está cerca de $1.520. La brecha entre ambos —que durante el cepo llegó a superar el 100%— es hoy prácticamente inexistente, algo que no se veía desde antes de 2011.

El Banco Central lleva comprados casi u$s 10.000 millones en lo que va de 2026, con 99 jornadas consecutivas con saldo comprador. Las reservas brutas superan los u$s 48.400 millones, el nivel más alto desde 2019.

El economista Fernando Marull, uno de los analistas más referenciados por el mercado, lo pone en estos términos: “Le pusieron un piso al dólar. Si vos compraste u$s 10.000 millones es porque le pusiste un piso al dólar y bajaste las tasas de interés. Esas dos cosas vinieron del Gobierno, no fue el mercado.” La lectura no es necesariamente negativa: es la descripción de una decisión política deliberada que hasta ahora funcionó.


La rosca detrás del número

El tipo de cambio no es solo economía: es política. La estabilidad del dólar es el activo más preciado del Gobierno de cara a las elecciones de 2027. Mientras la banda aguante y la inflación siga bajando, Milei tiene su argumento central. Caputo lo dijo sin rodeos en el Latam Economic Forum: el año próximo será “muy calmo”.

Pero no todos están convencidos. El exministro Hernán Lacunza advirtió recientemente que “entrar a ese sendero en año electoral con las reservas escuálidas que tenemos y con el tipo de cambio, puede ser bastante audaz o peligroso”. Y agregó que la dolarización de carteras que se produce invariablemente antes de una elección presidencial es un fenómeno que el Gobierno deberá gestionar con más cuidado que el año pasado.

El economista Juan Carlos de Pablo, uno de los más escuchados por Milei, puso el dedo en la llaga que el oficialismo prefiere no mencionar: “No está para nada claro que tengas el concurso del tío Sam con la generosidad y la oportunidad que lo tuviste en 2025. Moraleja: tenés que prepararte.” En octubre de 2025, fue la intervención inédita del Tesoro americano lo que evitó una corrida cambiaria que podría haber costado la elección.

El FMI, por su parte, tiene su propia lectura: según sus estimaciones, el tipo de cambio actual está apreciado en torno a un 20%. Eso no genera una crisis automática, pero sí implica que algunos sectores productivos compiten con desventaja y que el modelo tiene sus propios límites. El economista Daniel Artana fue directo sobre el horizonte: la libre flotación completa no es una discusión de 2026 ni de 2027. “Eventualmente será a partir del 2028”, afirmó.


Lo que no cambió

El fin del cepo no significa que Argentina tenga un mercado cambiario completamente libre. Las bandas implican que el BCRA sigue interviniendo cuando el precio se acerca a los límites. Algunas restricciones para empresas siguen vigentes.

Y la pregunta de fondo es la misma de siempre: ¿puede un país con la historia inflacionaria y política de Argentina sostener un esquema cambiario ordenado por más de un ciclo electoral? La última vez que lo intentó —entre 2015 y 2019— no lo logró.

Lo que sí cambió es el punto de partida. El blue ya no es la referencia cotidiana. La brecha cambiaria, que durante años funcionó como un impuesto silencioso sobre toda la economía, hoy no existe. El BCRA acumula reservas en lugar de perderlas. Y hay un acuerdo con el FMI que, esta vez al menos, llegó antes de la crisis y no después.

Eso no garantiza nada. Pero es, al menos, una diferencia real con todo lo que vino antes.


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