El 20 de junio en el Monumento a la Bandera no fue un acto patrio cualquiera. Fue un ring. Y en una esquina, con la camiseta puesta, estaba Victoria Villarruel. La vicepresidenta llegó sin invitación de la Casa Rosada —sí, como leés, sin invitación— y se paró firme. ¿Qué hizo? Honrar a Belgrano a su manera, sin pedir permiso y con los tapones de punta.
Ella misma lo dijo: “¿Cómo no voy a venir? Soy argentina y soy vicepresidenta”. Y claro, ¿quién le va a discutir eso? Pero el Gobierno nacional, con Milei a la cabeza, ni siquiera la llamó. Ella vino igual, porque la invitó Santa Fe, pero dejó claro que aunque no la hubieran llamado, venía. “Fuimos elegidos por el voto popular”, tiró, como quien dice “acá estoy, aunque les pese”.
Y ahí nomás, cuando le preguntaron por Manuel Adorni —el jefe de Gabinete de Milei, el que viene golpeado por el escándalo de su patrimonio—, Villarruel no se guardó nada: “No hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que Adorni”. O sea, un derechazo directo al mentón. Para ella, el acto era para recordar al prócer, no para hacerle la cama a nadie ni para aplaudir a los funcionarios de turno. “No era un acto para apoyar a Adorni”, sentenció.

Pero lo más jugado no fueron las palabras, fueron los gestos. En el escenario, con Milei al lado, no se saludaron. Ni un apretón de manos, ni una mirada. Cuando sonó el Himno, Victoria fue la única que se dio vuelta y quedó de espaldas al Presidente, mirando al Mástil Mayor. Y cuando Milei habló, ella ni siquiera aplaudió. Ahí nomás, cuando hablaron el gobernador Pullaro y el intendente Javkin, ahí sí, palmas y todo. ¿Casualidad? No, amigo, es política pura.
Ella, con esa sobriedad que le gusta, bajó el tono: “Pero yo defiendo ante todo lo que nos une. No quiero hacer de esto un acto político”. Pero todos vimos la foto. Todos entendimos el mensaje.

Y ojo, porque esto no es chiquito. Es la segunda vez que la dejan afuera de una fecha patria: la primera fue el 25 de Mayo, cuando no la invitaron al Tedeum. Pero ella no se achica. Al contrario, se planta, se define “rosarina por adopción” y hasta avisa que le falta ir a la cancha de Central. Le duele que la segreguen y lo dice: “Es un mensaje pésimo que no haya saludo, que no haya invitación, que haya esta segregación”.
¿Y todo esto para qué? Para mostrarse como la que realmente defiende los símbolos patrios, mientras el oficialismo, según ella, segrega. Y no es pavada, porque el 9 de julio se viene en Tucumán y la cosa se pone más picante. Con este antecedente, ¿vos creés que Milei y Villarruel van a compartir escenario sin que se note el hielo? Mirá, yo lo dudo. Si van los dos, la foto va a ser un témpano. Si falta uno, el otro se lleva todo el protagonismo.
Victoria Villarruel demostró una cosa: no piensa ceder ni un centímetro en las fechas patrias. No necesita que la inviten. No necesita que la aplaudan. Va, se para, habla y marca la cancha. Y con esa frase contra Adorni, dejó claro que no le tiembla el pulso para enfrentar a los que, según ella, no están a la altura de la historia.
El 9 de julio en Tucumán promete. Si Milei no va, ella se queda con toda la foto. Si va, veremos si se aguantan el mismo escenario. Pero una cosa es segura: a Villarruel no la para nadie. Ni siquiera la Casa Rosada.
Por Fernando López Duhour