365 dias

A un año de la prisión domiciliaria, Cristina volvió al balcón de San José 1111. La militancia estuvo, los aparatos leales acompañaron. El ritual se repitió con precisión.

Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué cambió realmente?

Cristina está condenada y conserva buena parte de su capacidad de incidencia. Puede reunirse con quien quiera, seguir ordenando sectores de su espacio, disfrutar de sus bienes. La Justicia logró impedirle competir electoralmente. No logró borrarla del mapa ni desarticular su influencia.

Algunos peronistas imaginaron que la condena abriría una nueva etapa. Que a rey muerto, rey puesto en el PJ nacional. El problema es que muchos tienen el bastón de mando en la mano y pocos saben para qué sirve.

El oficialismo, por su parte, tampoco aprovecha la oportunidad más evidente: construir su propia oposición para volver irrelevante a Cristina. Acumula conflictos con aliados propios y potenciales, y en esa dinámica regala tiempo.

No pudieron sacarla del tablero. Entonces eligieron cubrirla con una manta. Que aparezca cada tanto para recordarles que con ella estaban mejor, que escriba largos mensajes en X, que sea evocada algunas veces al año desde ese balcón. Pero incluso desde esa posición sigue condicionando al sistema político.

Mientras tanto, en algunos despachos del círculo rojo se respira algo parecido a la nostalgia. No por Cristina, sino por un orden político más previsible. Uno en el que las reglas del juego, aunque discutibles, eran conocidas por todos los jugadores. Hoy nadie termina de saber bien quién manda, quién negocia y quién cumple. Y esa incertidumbre, en ciertos sectores, empieza a incomodar más que cualquier condena judicial.

Cristina necesita un indulto. Axel necesita sus votos y su mística. La Cámpora la necesita para existir. Pero nadie termina de necesitar a un heredero sin legitimidad propia, ni a la piedra en el zapato que CFK administra como si fuera un activo. El peronismo deberá decidir si reflota a la jefa o se reinventa. Si no lo hace, la derrota no será un riesgo sino una dirección.

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