¿Y si Larreta no está mirando solo la Ciudad?

¿Larreta quiere volver a la Ciudad o quiere usar la Ciudad para volver a tener volumen nacional?

Horacio Rodríguez Larreta dice Ciudad. Pero, ¿todos escuchan lo mismo?

El exjefe de Gobierno porteño volvió al ruedo con “Metrópolis”, habló de una “segunda transformación” de Buenos Aires y confirmó que quiere competir en 2027. Transporte, seguridad, espacio público, sur porteño, gestión. Todo muy Larreta: diagnóstico, método, equipos y promesa de orden.

Hasta ahí, una campaña porteña.

Pero la política rara vez se queda solo en lo que dice el comunicado.

Porque el contexto empieza a ofrecerle algo que en 2023 no tuvo: un centro político potencialmente disponible.

En ese triángulo aparece la hipótesis Larreta.

Ahí Larreta intenta encontrar aire. Su crítica al PRO demasiado pegado a La Libertad Avanza no es solamente una queja de exsocio herido. Es una forma de decir: “ese lugar que ustedes abandonaron todavía puede tener valor”. El lugar de una derecha no kirchnerista, pero tampoco libertaria pura. Una derecha de gestión, urbana, republicana, moderna, con obsesión por el control, la administración y la previsibilidad.

Puede sonar aburrido. Pero en política, a veces lo aburrido vuelve cuando lo intenso empieza a cansar.

LA MOCHILA Y LA PREGUNTA

Larreta carga con una mochila pesada. La derrota de 2023, la imagen de dirigente demasiado calculado, la campaña que nunca logró conectar con el enojo social y una marca personal asociada más al Excel que a la calle. Todo eso sigue ahí.

Por eso la pregunta no es si puede volver igual. La pregunta es si puede volver distinto. Si logra transformar su moderación en una respuesta al agotamiento. Si consigue que la palabra gestión no suene a pasado. Si puede demostrar que la normalidad no es tibieza, sino una forma de poder cuando el sistema se recalienta.

LO QUE NECESITA — Y LO QUE NO

EL PROBLEMA DE SIEMPRE DEL CENTRO

El centro argentino siempre tiene el mismo problema: aparece cuando todos se cansan, pero muchas veces llega tarde, sin músculo o sin relato. Para que Larreta vuelva a tener chances, no le alcanza con decir “yo gestiono”. Tiene que construir una historia política nueva alrededor de esa idea.

Una historia que diga que después de la furia viene la administración. Que después del grito viene el método. Que después de romper todo, alguien tiene que saber cómo se vuelve a armar.

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