La Unión Industrial Argentina llegó a la 114ª Conferencia Internacional del Trabajo con un discurso armado en dos capas. La primera, hacia afuera: respaldo explícito a la reforma laboral de Javier Milei. La segunda, hacia el Gobierno: una lista de reclamos que deja en claro que el apoyo empresario no es incondicional.
Martín Rappallini, presidente de la UIA, habló ante el plenario de la OIT en Ginebra y arrancó con un diagnóstico que no deja margen para el optimismo fácil.

La frase es política pura: el Gobierno usa la estabilidad y la baja de inflación como el logro central de la gestión. Rappallini la reconoce, pero le pone un límite. Sin reforma impositiva, sin crédito y sin empleo formal, no alcanza. El mensaje le llegó al oficialismo desde el foro multilateral más visible del mundo laboral.
Lo que pidió la UIA

EL CHOQUE CON LA CGT EN GINEBRA
El mismo foro donde la UIA defendió la reforma fue el escenario donde la CGT, la CTA de los Trabajadores y la CTA Autónoma presentaron una denuncia formal contra el Gobierno. El cosecretario general de la central obrera, Jorge Sola, fue directo:

Dos oradores, el mismo escenario, la misma palabra — tripartismo — y dos lecturas diametralmente opuestas. La paradoja no es menor: la Ley 27.802 pretendió reducir la conflictividad laboral. El resultado, por ahora, es exactamente el opuesto: la reforma tiene una cautelar judicial vigente que suspende artículos centrales, y la disputa llegó hasta Ginebra.
LA LECTURA POLÍTICA
La UIA sale del viaje habiendo cumplido su rol de aliada del oficialismo en el plano discursivo. Pero los reclamos que dejó instalados en la OIT — reforma impositiva, crédito, diálogo — son exactamente las deudas que el Gobierno de Milei aún no saldó con el sector industrial. El apoyo empresario, queda claro, tiene precio. Y Rappallini lo cobró en Ginebra.